Paren, que me bajo. Escuchen esto: han aumentado en esta pandemia las consultas por cirugías estéticas de gente que quiere verse bien delante de las pantallas para hacer videollamadas y reuniones laborales por Zoom.

"Hay un auge en las consultas de cirugía estéticas, sobre todo de estiramiento facial y operación de las bolsas de los ojos. Mucha gente está disconforme por cómo se ve en el Zoom", ha asegurado Ivan Petrella, titular de la Fundación Pensar.

Ahora bien: esa gente que quisiera verse mejor en las pantallas, en particular mujeres, ¿no es la misma que antes se miraba al espejo todos los días, se maquillaba, disimulaba imperfecciones y se iba a enfrentar el mundo con naturalidad? ¿Por qué ahora una pantalla de morondanga, de entrecasas, moviliza tanto a algunas de ellas?

Quién te ha visto

Ocurre que cualquier tipo de pantalla ejerce una atracción poderosísima, así sea la de Zoom o Skype, y ni hablar de la TV y la del cine. Tal vez por eso son varias y varios los que deben tener la sospecha de que ahora los va a ver más gente, como si aparecer en Zoom les fuera a mejorar el rating.

¿Intuirán que con las videoconferencias les han llegado los quince minutos de fama que, según Andy Warhol, todos necesitamos para sentirnos alguien en la sociedad de consumo?

Aunque, pensándolo bien, no es más que la confirmación de lo que ya han impuesto las redes sociales hace rato, es decir: ese engranaje donde la humanidad parece gustosa de mostrar su vida privada, sus fotos familiares, sus vacaciones, sus logros, sus frustraciones y hasta sus habilidades sexuales y donde cualquier Fulana o Mengano puede contar sus stories en Instagram como si fuera una Kim Kardashian de los arrabales.

Como uno

No estamos hablando de gente de la TV ni del espectáculo, sino de personas del común, humanos, ciudadana/os que son oficinistas, secretarias, diseñadores, técnicos, profesionales de todo tipo, gerente/as, o vendedores de ollas Essen. Ordinary people, dirían los yankis.

El trabajo en casa, o home office, o teletrabajo, por un lado te confina y te aparta del mundo real. Y por el otro te manda a vivir en esas cuatro paredes pero conectado siempre con el afuera.

Ello te obliga, cuando te lo piden desde el trabajo, a tener que ubicarte frente a una cámara de la computadora o de celular, justo ese día que vos habías decidido no bañarte, no vestirte y andar en pijama y sin peinarte.

Ese día te llaman y te dicen "en veinte minutos tenés que conectarte al Zoom. Hay reunión. Ojo que va estar Echagüe", que es ese gerente con el que casi nadie tiene feeling.

Power point, go home

Esos son los días en que fatalmente el pibe más chico te pedirá la mamadera cuando tu jefe está mostrando uno de esos insoportables power point y en que tu pareja saldrá del baño en bolainas y pasará a tus espaldas haciendo payasadas de exhibicionista para que le desocupen rápido la única notebook de la casa.

Zoom y todas esas herramientas digitales han llegado para quedarse y reinventarse. Ya lo ha advertido la Organización Internacional del Trabajo (OIT) al afirmar que trabajar desde la comodidad del hogar puede dar paso a jornadas laborales más largas.

¿Arreglarnos la cara para quedarnos en casa? Qué sé yo. Pero si a usted le hace bien, métale. ¿Por qué no pensar que con un toquecito pueda llegar a sentirse la reina del Zoom, o el "langa" de la teleconferencia? Gustos son gustos.

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