Suele ser raro que los funcionarios importantes demuestren criterio práctico respecto de las cosas más elementales. Las dan por sobreentendidas.
Por eso este martes 7 de julio sorprendió el gobernador Rodolfo Suarez cuando se dirigió e a los mendocinos para denunciar con firmeza el deficiente uso que muchos comprovincianos vienen haciendo del tapaboca que, todos sabemos, es de portación obligatoria.
Y es muy bueno que haya sido el gobernador quien conectó con el sentido común en este asunto. No hubiera tenido el mismo impacto si lo hubiera dicho alguno de los funcionarios que lo secundan en el manejo informativo de la pandemia.
La clave de este problema la dio el propio Suarez al remarcar que "no es un tema menor". Claro que no lo es. La finalidad del tapaboca es no contagiar a los demás. Por lo tanto es un asunto vital, máxime ahora que los casos de Covid 19 están creciendo de manera preocupante en Mendoza.
El ejemplo
Días atrás fui testigo de la reacción de una señora mayor que, con respeto, detuvo a dos muchachas jóvenes que corrían en el Parque San Martín y les pidió que por favor se pusieran los tapabocas, que los llevaban, sí, pero a la altura de la garganta, como un collar-
-"¿Saben qué pasa, hijas, que ustedes por su juventud pueden pillarse el virus y soportarlo sin problemas, pero yo tengo más de 60 y estoy medio achacada, y si me contagian lo más probable es que no cuente el cuento", les dijo la mujer.
Rebelde way
Mientras rumeaba sobre la clase dada por la señora, me pregunté: ¿Por qué no hay campañas específicas de referentes de la sociedad que nos recuerden todos los días que el tapaboca evita contagios y muertes? Y también: ¿por qué los funcionarios no son más prácticos con estas cosas? ¿por qué no hay más controles que aleccionen sobre esto en los sitios de esparcimiento al aire libre?
Dentro de los más rebeldes al uso adecuado del barbijo están esos superados de entre 25 y 35 años, acostumbrados a correr y a ir al gimnasio, pero también los que se sientan en los cafés (a la vereda) y hablan a los gritos y sin tapabocas lo que obliga a que uno se tenga que cruzar de vereda para sortear las famosos gotitas. También muchos taxistas y trabajadores de la construcción que los usan en "modo pera", ente varios etcéteras
Suarez machacó que "hay que usarlo cada vez que uno salga de su casa y sobre todo cuando vaya a hablar. Incluso en las reuniones familiares. Junto con el lavado frecuente de las manos y el distanciamiento social, el tapaboca es clave para prevenir la enfermedad".
Oda a los "no se me canta"
Permítanme compartir con ustedes el estupendo comienzo de una columna de opinión que publicó el diario El Mundo, de España y que firma Pedro Simón, sobre el asunto que nos ocupa:
"No me protege que lleves la mascarilla en la papada. No me protege que la lleves en la muñeca o en el codo. No me protege que la lleves en el bolsillo. No me protege que la lleves colgando de una oreja bien visible como un estandarte. Me protege que la lleves en su sitio. Y la cabeza también".
Joder, así se habla, chaval.




