Si en el peronismo mendocino hubiera triunfado Alejandro Bermejo, todo el oficialismo cornejista dormiría tranquilo.
Las PASO hubiesen sido un paseo porque -dicen- el techo electoral de Bermejo no se hubiera movido mucho en las generales de septiembre. En cambio el triunfo de la kirchnerista Anabel Fernández Sagasti aparece, en esa visión de las cosas, como algo distinto.
En la misma Casa de Gobierno admiten que ahora "la Anabel" no tiene techo.
Los hermanos Bermejo (Adolfo y Alejandro) nunca han tenido proyección provincial. Son Gardel sólo en su Maipú natal. Ese departamento es uno de los más singulares de Mendoza. Tiene usos y costumbres muy distintos al resto de las comunas, incluso de algunas muy cercanas, como Luján de Cuyo.
Un mundo aparte
No es que los maipucinos sean más o menos mendocinos. Simple (y misteriosamente) son conservadores de una forma que difiere de la de sus vecinos del Gran Mendoza.
Son de un localismo extremo, aman ese lugar, compran sus cosas en Maipú, mantienen tradiciones religiosas como las procesiones, y los sociólogos de verdulería entienden que los maipucinos suelen ser "gente de palabra". Y, claro, nunca han dejado de apoyar al peronismo.
Para decirlo en términos de economía macro, los maipucinos vendrían a ser la antiglobalización, el "vivir con los nuestro".
Tras ser intendentes en reiteradas gestiones, los dos Bermejo quisieron a su tiempo ser gobernadores. El Adolfo ya fue candidato en 2015 y perdió ante Cornejo. Ahora el Alejandro no pudo pasar de precandidato.
Tampoco lograron cumplir su sueño de ser gobernadores otros intendentes peronistas de Maipú como Francisco Chiqui García y Hugo Bordín.
Los hermanos Bermejo son como los hermanos Félix en San Rafael. Torazos solo en su rodeo. Para los ajenos, no garpan.
Who's that girl
No es que la Sagasti lo apabulló al Bermejo más chico con un 10% de diferencia en los votos. Fue sólo de un punto, pero ella ganó y el maipucino aceptó. Es como en el fútbol: goles son amores y no buenas razones.
Si los Bermejo tienen la particularidad de un excesivo localismo, Anabel aparece ahora como un gran enigma.
Es kirchnerista, algo que el mendocino medio no lo fue ni siquiera cuando aquí ungieron a los ínclitos Jaque y Pérez. Pero además es cristinista, que es como decir la etapa superior del kirchnerismo. El "Vamos por todo" en versión new age.
Anabel es camporista y siempre estuvo palanqueada por el riguroso dedo de Cristina Kirchner. Por eso inquieta lo que pueda hacer aquí, aunque, digno es decirlo, su paso por el Congreso ha sido menos vergonzante que el de algunos varones con más trayectoria.
Sin antecedentes políticos, Anabel mutó en diputada nacional exclusivamente porque la ex presidenta la puso al tope de la lista. De la misma manera llegó a senadora nacional, un cargo que usualmente requiere tener diplomas logrados en una larga carreras política.
Empero, su trabajo en bien de la provincia casi no existió al lado del empeño que Anabel puso para defender a Cristina y su catecismo nacional, popular y setentista.
Los periodistas recordamos el secretismo autoritario con que La Cámpora manejaba la información sobre Anabel cuando ésta fue eyectada por Cristina como "cuadro político" de Mendoza (esa terminología que le encanta a Cristina) ya que aquí no la conocía nadie.
La nueva
¿Por qué se cree ahora que Anabel podría elevar su techo en las generales? Primero, porque a pesar de todo lo que se pueda decir en contra del dedo de Cristina, la hoy candidata del peronismo provincial ha demostrado que algo ha aprendido en estos años de trenzas en el Congreso nacional. Sin brillar, sabe exponer y debatir.
Segundo, porque ha sido una hábil negociadora. Impuso su candidatura en Mendoza. Tuvo hasta la sagacidad de descolocar hasta al propio Alfredo Cornejo, quien creyó que pactando con ella algunas políticas iba a generar más quiebre en el peronismo. Sí, lo generó, pero a favor de ella.
Y pactó con algunos de los viejos barones del cascoteado peronismo, como Carlos Ciurca o Guillermo Amstutz, quienes lubricaron el añoso aparato partidario para ponerlo a favor de la dama.
Y tercero porque "la sin techo" parece estar entendiendo que el mendocinismo no era como decía Paco Pérez "un poco de mendo y mucho de cinismo", sino algo un poco más complejo y rico que no muchos políticos saben descifrar a tiempo.



