Anabel, la bien echada

Hay pequeñas "revoluciones" en los ámbitos del poder que suelen pasar desapercibidas, pero que sin embargo terminan siendo las más efectivas. Debe ser porque en realidad son "evoluciones", sin la erre.

La revolución es un cambio drástico, violento, que suele incluir guillotinas y siberias. La evolución, una decantación casi natural de las cosas.

Decimos esto ante el fallo de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza que ratificó que la fiscal Anabel Orozco, conocida por los mendocinos como "la fiscal viajera", fue correctamente destituida en 2018 por un jury de enjuiciamiento.

Dicho jury la había hallado culpable de atropellar la fe que el Estado depositó en ella cuando la nombró magistrada.

Un largo camino, muchacha

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Orozco le mintió a su empleador, la Provincia, y le hizo creer que estaba enferma cuando en realidad usaba la supuesta dolencia para irse de paseo a doradas playas.

Nada le importó cómo estaban las causas que se ventilaban en su fiscalía, ni la confianza que el sistema judicial le había abierto, ni el aplomo y la rectitud que debe conllevar su cargo, al que enchastró.

Su destitución devino porque nos engañó a todos los que le pagábamos el sueldo. Un muy buen sueldo.

Pero sobre todo ocurrió porque, poco a poco, demasiado despacio quizás, el Poder Judicial está dejando de ser el poder del Estado al que todos temían y pocos investigaban. El menos auditado de los poderes del Estado.

El que quería autopagarse

La decisión de la Corte provincial sobre Anabel Orozco se produce casi al mismo tiempo que un nuevo escándalo mancha a otro magistrado provincial, en este caso el camarista laboral Antonio Sánchez Rey, de 76 años.

El año pasado Sanchez Rey, quien cobra uno de los sueldos más suculentos de la Justicia por su antigüedad, tuvo un accidente menor en el estacionamiento de los Tribunales.

Ducho como juez laboral en los entreveros con las ART, logró un acuerdo con una de esas administradoras para cobrarle al Estado una cifra millonaria. Todo fue tan grosero que hasta hicieron recaer el caso en su propio juzgado.

Abarcar no es apretar

El asunto trascendió en la prensa y obligó a abrir una investigación judicial. Ante la evidencia de que todo se le iba de las manos, Sanchez Rey decidió presentar su renuncia para que nada le fuera a manchar la jugosa jubilación que le esperaba.

Y para evitarse el molesto herrumbre del escándalo.

Pero como nunca falta un buey corneta, el gobernador Cornejo le rechazó la dimisión y todo indica que el futuro del camarista será tratada por un jury de enjuiciamiento.

Si, como le pasó a la rumbosa Anabel Orozco, lo destituyen por desempeño desleal al Estado, Sánchez Rey corre el riego de quedarse sin jubilación.

La avaricia suele ser una consejera berreta.

En momentos en que la Justicia tiene una de las peores consideraciones por parte de la ciudadanía, admitido hace días por el propio presidente de la Corte en su mensaje de apertura del año judicial, lo de la ex fiscal Anabel  y lo del el camarista avaricioso son señales muy buenas que el contribuyente agradece.

Señales de una bienvenida evolución donde no hay guillotinas ni siberias sino la vara de la  Justicia midiendo a los que corroen desde adentro el sistema republicano.

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