Con Alberto Fernández (60) los argentinos tenemos reality asegurado por varios meses.
Baste decir que su perra, de raza collie y de nombre Dylan, tiene instagram propio elaborado por su amo. O que él saluda ahora a diario al pueblo desde su balcón de un tranquilizador departamento de Puerto Madero, ese barrio porteño que es "el lugar en el mundo" de los kichneristas adinerados. O que su hijo Estanislao (24), es muy conocido en su rol de drag queen.
Separado desde 2005 de Marcela Luchetti, vivió luego un conocido romance con la legisladora Vilma Ibarra, pero hace 5 años que está en pareja con la periodista y actriz Fabiola Yañez, de 38 años.
Desde que Cristina Fernández anunció su "renunciamiento" a ser otra vez presidenta y lo puso a nuestro hombre como postulante a dicho cargo, el Alberto nacional (en contraposición al Alberto puntano, de cabotaje) se la ha pasado nadando en aguas gredosas, obligado a tener que dar muchas y variadas explicaciones sobre su sinuoso camino político-partidario.
¿Vos que sos?
A grandes rasgos, digamos que fue menemista, cavallista, duhaldista, kirchnerista, anticristinista, randazzista, y ahora, como síntesis superadora, finalmente cristinista.
Durante toda la gestión presidencial de Néstor Kirchner se desempeñó como jefe de Gabinete de ministros. Con Cristina en la Rosada duró sólo 5 meses. No se llevaban bien.
Todo ese recorrido le ha dado mucha fluidez a su labia y le ha permitido un buen pasar económico.
Basta comprobarlo a través de su propia autodefinición política: "Soy peronista, pero liberal en cuanto a derechos individuales. Y en materia económica soy heterodoxo progresista".
Esas habilidades dialécticas le han servido también para tratar de explicar cómo luego de 10 años de estar peleado con Cristina y de haber hablado pestes de ella, ahora afirma que la ex presidenta Cristina Fernández "puede ser altanera, soberbia, tener defectos, pero no es ladrona".
Entendemos, Alberto: la soberbia y la altanería, no prevén prisión.
Ella sabe bien
En esas diez palabras de la cita del Alberto, dichas en el programa de Mauro Viale por América TV, está la esencia (pero al revés) de por qué Cristina renunció a ser candidata presidencial.
Cristina es consciente de lo que ella y su marido (en vida) hicieron. Y teme que le vaya muy mal con los juicios por corrupción, el primero de los cuales ya se inició. Ronda por allí el fantasma de Lula Da Silva.
Le aterra que toda esta movida termine incluso con su hija Florencia en la cárcel por la la causa judicial de los hoteles familiares que eran usados como pantalla para lavar dinero, según afirma la acusación judicial. De allí el asilo en Cuba que le ha conseguido a su hija a través de sus amigos de la dictadura castrista. Es que en la Argentina Florencia no cuenta con fueros.
El escudo
Desde el macrismo aseguran que para ser candidata a presidenta Cristina está obligada a renunciar a la senaduría. Los fueros la protegen como candidata, pero si pierde las elecciones quedará en manos de la Justicia por falta de fueros.
En cambio, aseguran en el Gobierno, si es candidata a vicepresidenta no está obligada a renunciar y puede mantener la inmunidad de senadora después de la derrota.
Quien sí cuenta con ese escudo es su hijo Máximo Kirchner el que, increíblemente, es diputado nacional.
El gurú de Macri, Durán Barba, escribió en Perfil que "Si por alguna razón Cristina llegara a ganar, pensará que tiene la fuerza para reemplazar a un presidente con poco arraigo en la realidad".
Cámpora no es una palabra inusual en el peronismo.
