Análisis y opinión

Alberto Fernández, el primer presidente en lograr la decepción total

Decepcionó a todos: a rivales, a neutrales y a los propios. Su última gran desilusión fue al colectivo feminista; al que buscó contentar y se le volvió en contra tras la gravísima denuncia de Fabiola

Si hay una idea que resume la presidencia de Alberto Fernández es la decepción.

Quiero ser claro: el motivo principal de esta columna no es pegarle a Fernández aprovechando que está en el piso. Eso sería lo más fácil. La intención es analizar cuán singular, cuán particular, es la decepción asociada a su nombre. Lo extraño es su caso como fenómeno político. Un presidente que lo tuvo todo y hoy tiene nada. Menos que nada, en realidad.

Fernández desilusionó transversalmente a toda la dirigencia: a sus contras, que esperaban un rival muchísimo más potente, sobre todo después de que les ganara la presidencia; luego nos decepcionó a los neutrales; a los que no lo votamos pero que después dijimos: “che, al final este tipo capaz nos sorprende; puede ser un kirchnerismo de centro, virtuoso, inteligente” -nos equivocamos-; y finalmente, y por esto su figura es la decepción total, decepcionó, más que a nadie, a los suyos, a los propios. A los que confiaban en él. A los que laburaron para que fuera presidente. Por eso son los que más lo putean.

No encuentro a un sólo argentino que haya votado por la fórmula Fernández - Fernández y que hoy no se sienta traicionado por el mal gobierno que hicieron. No encuentro a uno solo de los suyos que no lo niegue y lo repudie. Es más: a la gestión de Alberto no la consideran “propia”. O mejor: no quieren considerarla propia.

Por eso lo que le pasa a Fernández, insisto, es por demás singular. No le ocurrió a nadie. Si uno hace memoria, Macri y Cristina perdieron el poder, es cierto. Pero nunca a su núcleo duro. Nunca a esa cantidad de gente que los siguió bancando y que los sigue bancando, y que los hace competitivos en las urnas aún al día de hoy. Ni hablar de Menem o de Néstor Kirchner, que tienen, más que un núcleo duro, toda una mitología asociada a sus gestiones.

Bueno, Alberto Fernandez no tiene nada de eso ni volverá a tenerlo jamás. A tan sólo ocho meses de dejar de ser el Presidente de la República Argentina, su imagen pública está destruida. Lo desprecian unánimemente desde todos los sectores. Y lo que es más llamativo aún: los que encabezan ese repudio son sus propios exmilitantes. Es inédito desde muchos puntos de vista el fenómeno que se armó (o se desarmó) a su alrededor. Todo lo que perdió lo perdió desde adentro hacia afuera y no al revés. Además, en tiempo récord.

Embed - Editorial de 7D: Alberto, la decepción total

Pero a toda esa decepción de por sí singular, ahora hay que agregarle un eje más; la frutilla del postre: la forma en que decepcionó al colectivo feminista.

Fernández se erigió como el mandatario de las mujeres. Le decían “Alberto presidenta”; dijo que estaba contento de “ponerle fin al patriarcado” -por aprobar una ley de aborto que en otros países existe desde 1920 (o sea, cien años antes que él; o sea, un absurdo total; algo ridículo). Creó el Ministerio de la Mujer, se sacó fotos con el pañuelo verde del colectivo feminista. Hoy, todo ese grupo con el que quiso congraciarse parece odiarlo.

“Fallarle” al feminismo de esta manera, con su exesposa llorando ante un juez; diciendo que él le minó el cerebro y que le hizo terrorismo psicológico, además de golpearla salvajemente, es la única decepción que le faltaba a Alberto Fernández. Hoy la concretó. Increíble, pero lo único que aún no le pasaba, le pasó. Y el hecho de que su gobierno y la campaña política estuvieran tan marcados a fuego por la retórica feminista, quizá exagerada, hace todo más grave.

Desde luego, Alberto Fernández es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Nadie lo duda. Pero Fabiola Yáñez ha presentado pruebas contundentes en su contra. Y promete seguir presentándolas. Y promete ampliar su declaración en cuestión de días. Y tiene fotos. Y las ha mostrado. Y la causa avanza rápidamente.

¿Tal vez tuvo un aparato mediático que no fue ecuánime (y que no es ecuánime) en su contra? ¿Que magnificó todos sus tropiezos y minimizó sus relativas victorias (tres años seguidos de crecimiento de la economía, por ejemplo)?

Es probable. No lo descarto para nada. Le concedo eso entre todo el reguero de decepciones que nos dejó.

¿Tal vez su recuerdo está manchado -también- porque el propio kirchnerismo ayudó a derribarle la imagen? Absolutamente. No tengo dudas. Los propios fueron los que habilitaron la golpiza a Fernández en un primer momento. El audio de Fernanda Vallejos diciéndole mequetrefe, la renuncia masiva de ministros después de la paliza electoral... es cierto: si Fernández se volvió el presidente-meme -como tantas veces se dijo-, es porque su aliado el kirchnerismo abrió esa puerta a los contras. Lo entregó; casi pidió que lo atacaran.

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Alberto y Fabiola. Denuncian que la hostigó y golpeó en la Quinta de Olivos.

Alberto y Fabiola. Denuncian que la hostigó y golpeó en la Quinta de Olivos.

Pero todo lo dicho acá es verdad. Y todas las cosas que hizo mal durante su gobierno quedaron a la vista de todo el país.

Se equivocó mucho en su vida pública y ahora hay indicios de que también fue un desastre en su vida privada.

Es un presidente que tuvo todo y al que no le quedó nada.

Por eso carga con este récord triste: dijo que él iba a liderar el Frente de Todos, el gobierno de los todos los argentinos por igual.

Y su único legado es esta sensación: sólo logró decepcionarnos.

A todos por igual.

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