El afuera y las puertas adentro de los políticos

¿Qué tienen en la cabeza? ¿Cómo administran las tensiones? ¿Con qué humor llegan a sus casas? ¿Duermen muy mal? ¿Van bien de cuerpo, como nos preguntan nuestros médicos de cabecera? Suena apasionante imaginar la mente de los políticos que tienen poder y divagar en esa especie de Lado B de la política.

En esta Argentina endeudada, Alberto Fernández es quien, sin duda, está más acuciado porque debe ordenar las incertidumbres, las inquietudes, el desasosiego de la vida cotidiana de los argentinos. E insuflar confianza. Es como tener la llave de la despensa y darle de comer a todos un cachito. Mandar y cuidar.

Pero este Presidente también tiene una vida privada, sus cosas. Una pareja, Fabiola Yañez, que parece haber caído bien a los argentinos; un hijo, Estanislao, famoso por sus libertades; y un perro, Dylan, que no lo jode con demandas y que le mueven la cola cuando llega a Olivos.

Pero también una vicepresidenta, Cristina Kirchner, que tiene la singularidad  de tener tanto poder como él, algo que no se recuerda en la historia política argentina. 

El factor CFK

Con respecto a esta última situación, sus críticos lo tildan a Alberto de contradictorio, pero no dudan en admitir que hasta ahora las discordancias con Cristina vienen trabajosamente asordinadas, salvo por referentes extremos del kirchnerismo, como es el caso de Hebe de Bonafini quien trató de poner al mandatario contra la pared con el asunto de los "presos políticos" de origen peronista.

Cristina parece estar convenciéndose de que tensar la cuerda con Alberto es algo que no favorecería su plan de mantener un estricto seguimiento de sus causas judiciales, de las leyes que vote el Congreso, de ciertos resortes de los organismos  de control, y de sacar adelante a su hija Florencia  aún enferma en Cuba. 

¡Qué boquita Jaime!

Pero, ojo, que no sólo Alberto y Cristina tienen su Lado B activado a mil. Mauricio Macri, ya sin el peso concreto del decidir día a día sobre asuntos cruciales, carga por estas horas con varias amarguras.

Su principal gurú político Jaime Durán Barba ha dicho que "Macri ya fue" y que Cristina "es la mujer más brillante de la historia argentina". Lo único que falta es que ahora Marcos Peña salga de su actual mutismo y lo niegue tres veces a Mauricio.

 Embed      

Casi al mismo tiempo el ex presidente se mandaba un moco en una reunión informal con militantes del PRO, en Neuquén, a quienes les dio a entender que fueron sus principales funcionarios quienes lo convencieron de endeudarse a full.

Ahora ya hay macristas (Diego Santilli, vicejefe del gobierno porteño, por ejemplo) ) que definen a Macri como "uno de los lìderes del espacio", no el líder.

"El líder es Cambiemos. Solo así seremos una oferta atractiva de alternancia de poder", agrega Santilli, quien guarda una alta consonancia conceptual con el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta.

Esto debe ser música para los oídos del presidente nacional de los radicales, el mendocino Alfredo Cornejo, quien viene sosteniendo esa tesitura desde el mazazo de las PASO de octubre pasado.

El radical cordobés Mario Negri, antes muy consustanciado con Lilita Carrió y con Macri, ha dicho ahora que el regreso del ex presidente al escenario político "ha sido  inapropiado, no me gustó, no me parece la mejor forma de volver".

Lecciones de política

Otro que debe estar consultando a diario a su almohada es el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, quien se aproxima a los 50 días de gestión con una serie de contratiempos políticos que él creyó que los iba a solucionar haciéndose el gallito como cuando era ministro de Economía de Cristina.

En todo este tiempo como gobernador, sus atisbos de compadrito instruido no le han servido para mucho. Ha tenido que consensuar con los legisladores de Cambiemos a fin de sacar leyes esenciales para el funcionamiento de su gobierno, y no le está saliendo nada bien su bravata con los bonistas cuando la provincia ya está al borde de un default.

A ello hay que agregar la cada vez más sonora rebelión de los intendentes bonaerenses (tanto de Cambiemos como de los peronistas) con el gobernador por los fondos para las comunas, que Kicillof quiere concentrar y repartir según su criterio.

Y también la pelea personal que la esposa de Kicillof, la investigadora del Conicet Soledad Quereilhac, libra con el diario La Nación por títulos sobre su esposo, que a ella no le gustan. 

Todos estos datos duros de la realidad tal vez hagan contrapunto (para bien o para mal) con lo que sucede puertas adentro de las casas de cada uno de estos dirigentes.

Mal que nos pese, eso es parte de la vida privadísima de todos estos apellidos que, sin embargo, nos joden o nos alegran a diario la vida cotidiana de todos nosotros.