El casco céntrico de la Villa Nueva de Guaymallén exige más patrullajes policiales preventivos. Así lo planteó un grupo de vecinos y comerciantes, hartos de los robos y de vivir con miedo.

Una reunión importantísima para los hombres del futuro

Por UNO

Por José Luis [email protected]

@jlverderico

El ministro, el subsecretario y otras autoridades se sentaron mano a mano con un grupo de vecinos y comerciantes de Guaymallén que están hartos de los robos simples y los atracos a mano armada a cualquier hora del día.

Fue en el mismísimo casco céntrico, en la Villa Nueva, cerca de los tres bancos donde se paga y se cobra todas las mañanas, de la delegación de la Bolsa de Comercio, de tres escuelas a las que asisten casi 3.000 alumnos de primaria, secundaria y terciaria; de un club histórico y concurridísimo, de una iglesia y de una treintena de locales que venden desde el pan y las tortitas hasta artículos de electricidad y medicamentos, pasando por la comida para las mascotas, los puchos y el retapizado de los sillones, entre otros menesteres.

La gota que colmó la paciencia fue el atraco a punta de pistola a un local de venta de ropa, a plena luz del día, cerca de la hora del almuerzo, cuando esa zona es un trajinar de gente de toda laya.

Camiseta de Boca y un revólver a la cintura fueron las dos señas particulares que se supieron del delincuente que corrió como un condenado por una calle cercana y se perdió en los confines, haciendo inútil todo el despliegue del personal policial que lo buscó en las inmediaciones.

Lo vieron corriendo con una bolsa al hombro repleta del botín despojado pocos minutos antes a la jovencita a la que le costó un buen rato recuperarse del trance.

Vecinos y comerciantes ya venían conversando desde hace un buen rato acerca de la necesidad de plantear este lamentable, triste y generalizado panorama de delitos a cualquier hora directamente a las autoridades civiles y policiales del Ministerio de Seguridad.

Hasta que se sentaron, cafés de por medio, libretas de anotaciones plagadas de temas por tratar y más de un entrecejo fruncido, hartos ya de estar hartos.

Hubo varios testigos de ese cónclave necesario y que debería repetirse con mayor asiduidad.

Muchos valoraron que las cabezas de Seguridad hayan dado la cara y escuchado de primera mano la problemática y la honda preocupación en la zona, especialmente de los comerciantes que deben atender a sus clientes por reducidas ventanas, lo que hace caer sus ventas, de por sí bastante escuálidas gracias a la inflación y otros demonios.

Que se necesitan más patrullajes, a pie o en automóviles, y que se reactiven los rondines fueron algunas de las peticiones más importantes.

Que se incremente la cantidad de policías y/o agentes de prevención para que los delincuentes, al menos, se sientan observados o menos sueltos de cuerpo a la hora de encarar un objetivo.

Bancos, escuelas y el club de la zona son un imán que no debe pasar desapercibido para quienes toman decisiones en materia de gestión.

Los robos a chicos y adolescentes de ida o de regreso de clases son tan repetidos y tan groseros que muchísimos padres y otros adultos se ven obligados a acompañarlos para que no anden solos. Celulares, mochilas y zapatillas son los denominados cuerpos del delito.

Celebro que los funcionarios públicos hayan aceptado participar en ese encuentro y atender la problemática. Ahora viene lo mejor, me parece: la hora de dar respuestas y de retribuir la confianza y la palabra empeñada.

También celebro que ese puñado de vecinos y comerciantes de la Villa Nueva de Guaymallén hayan tomado la bandera de la participación y el compromiso social no sólo para reclamar que se cumplan sus derechos a vivir y a trabajar seguros sino para construir y no morirse en la queja insípida.

Ojalá haya sido un buen punto de partida. Los hombres del futuro lo agradecerán a manos llenas.