Confirmaron que fue intencional el siniestro de la casa de San Luis donde Débora Di Falco dejó a su hija con los Riquelme. En una casa vecina, dos niñas de 9 y 4 años dormían en una habitación cerrada con llave: su madre había ido a bailar y estaban solas

Un incendio premeditado destruyó la casa donde fue asesinada la pequeña Guadalupe Di Falco

Por UNO

El santuario que recordaba la horrorosa muerte de Guadalupe Di Falco ardió en llamas. En pocosminutos, en la vivienda se quemaron los últimos restos materiales de la fatídica existencia de la

pequeña.

Usurpada por el matrimonio Riquelme –preso por el homicidio de la pequeña–, la casa fue

residencia de marginalidad y hacinamiento, morada de tormentos para la niña de 4 años, escena del

crimen, lugar de plegarias en su memoria y un infierno en llamas.

Ocurrió este domingo, después de las 8, tal como dieron cuenta los principales diarios

digitales de San Luis y confirmaron las sospechas de la policía de que fue intencional el siniestro

de la casa donde Débora Di Falco dejó a su hija con los Riquelme.

Paralelamente, mientras los bomberos revisaban la casa quemada, otra historia de abandono se

reveló en la vivienda vecina y colindante, recordando a todos que la trágica historia de Guadalupe

es sólo una muestra.

Dos niñas de 9 y 4 años fueron halladas durmiendo bajo llave en una habitación. La madre de

las pequeñas, de 31 años, no estaba allí porque se había ido a bailar el sábado a las 23 y las

había dejado solas. La Justicia de San Luis le retiró la tenencia.

La vivienda de calle Los Inmigrantes 1582 quedó inutilizada. Sin embargo, el fuego no la

consumió por completo. La carencia de mobiliario de los Riquelme, cuyas pertenencias quedaron allí

desde su detención, no le dio muchas chances a las llamas que tuvieron poco para quemar.

Ardieron colchones en desuso, ropas, maderas, una cama. Dos dotación de bomberos de San Luis

apagaron el incendio en media hora.

Las paredes tiznadas al máximo testimoniaron el esfuerzo del fuego por consumir lo que

encontró.

Poco a poco se retiraron del lugar los curiosos, los bomberos y la policía y casi sin que

nadie lo notara el santuario resurgió: mensajes, flores y velas para la pequeña Guadalupe, cuya

memoria es lo único que ni el fuego puede borrar.