Por Catherina [email protected]
Esteban Toscano (35) reparaba una vereda al lado de su casa cuando llegaron dos sujetos en moto tirando a mansalva. Fue en el barrio Pedro Molina 1 de Guaymallén. Al ver al nene en riesgo, se le tiró encima. Lo balearon en el pecho.
Un albañil murió de un disparo por evitar que mataran a su hijito
Un albañil fue asesinado ayer cuando protegió con su cuerpo a su hijito de 4 años de dos maleantes que entraron a los tiros en la cuadra donde él estaba arreglando una vereda en compañía del niño.
El crimen de Esteban Toscano (35) provocó una gran consternación en el vecindario del conflictivo barrio Pedro Molina I, de Guaymallén, donde todavía hay bandas que se disputan la supremacía de la zona.
Y fue esto lo que pasó ayer a las 15.20 cuando el infortunado hombre –residía allí con su esposa e hijo desde hace 5 meses– estaba reparando la vereda ubicada al lado de su casa y desde la esquina de Gomensoro y Bolivia aparecieron dos sujetos en moto, quienes abrieron fuego a mansalva en la cuadra. Tan es así que uno de los 12 disparos que se escucharon dio primero en un bidón de nafta vacío que estaba en la vereda de una casa lindante, otro en el marco de la ventana de la misma vivienda y mientras iban avanzando, tiraban a diestra y siniestra.
Toscano se percató seguramente del grave peligro al cual estaba expuesto su pequeño hijo y no dudó: se abalanzó sobre él para cubrirlo pero en el intento, un disparo de un arma calibre 9 milímetros lo alcanzó en el pecho causándole una grave herida que finalmente dos horas después, le ocasionó la muerte en el Hospital Central a donde había sido llevado.
Muchísimos vecinos se agruparon para comentar el desgraciado suceso provocado por las “mafias” de la zona que dejaron huérfano un pequeño que presenció el ataque a su padre.
“No fue una historia de ajustes de cuentas ni nada que se le parezca”, dijo a UNO con mucha indignación una vecina cuya casa fue alcanzada por un disparo que la hizo saltar en la cama, porque estaba durmiendo la siesta.
“Casi le pegaron al chiquito –prosiguió conmocionada por el hecho–. Esta es una zona donde la seguridad no se sabe dónde queda. Un día aparecen unos locos y comienzan a tirar y nosotros, aquí en el medio, sin ninguna protección. Hoy le tocó a él, mañana no sé a quién...Posiblemente sea a mí”.
Con una indignación que le salía por los poros, unida a una gran impotencia, confió: “No se merecía morir como murió”.
“Acá tenemos que sobrevivir en medio de esta situación de alto riesgo, donde no hay códigos de convivencia. La muerte de Toscano fue al azar. En este barrio, como dije, entran a los tiros y es así como tenemos personas que están lisiadas por estos tipos de ataques que no tienen nombre”.
En toda la cuadra ante la presencia de la prensa fueron asomándose muchos vecinos en cuyo rostro podía observarse la gran pena que sentían.
Para tener una idea aproximada de la real situación que se vive en un barrio que es tierra de nadie y que le tiran a la propia policía cuando patrullan –saben o se sienten intocables– hubo negocios que tuvieron que cerrar por la inseguridad porque “nadie viene a comprarnos”. “Dejamos algunas cosas para vender, pero no artículos perecederos”.
La conversación se interrumpió para que la policía pudiera hacer tranquila su tarea que era la de recolectar el mayor número de indicios o pruebas para aportar a la causa.
En el lugar, además de trabajar personal de la Subcomisaría Campos, lo hizo la Científica, mientras la causa quedó radicada en la Oficina Fiscal 9 donde fue caratulada como homicidio agravado por uso de arma de fuego.
El cadáver del infortunado trabajador por orden del fiscal Mauro Perassi fue derivado al Cuerpo Médico Forense a los efectos legales.
Hasta el cierre de esta edición no habían logrado detener a los autores del incalificable suceso.




