Espanto y desolación. Eso es lo primero que reflejan los rostros de Miguel Tedone (80) y de su hija Mónica (53), desde hace 50 años amigos íntimos de la familia alevosamente asesinada en el barrio Trapiche. Viven frente a la casa donde se cometió esta masacre, apenas comparable con la ocurrida en 1994, en Chapanay (San Martín), donde un padre degolló a sus cuatro hijos.Miguel y Mónica están pálidos porque están en shock por los crímenes de Vicenta -Ñata para sus amigos-, Susana y Claudia, y por las heridas graves a Lucas y Mía, quienes hasta anoche luchaban por su vida en el hospital Notti. El autor del brutal hecho es la última pareja de Claudia y padre de Mía, Daniel Zalazar."Ellas eran una familia muy unida. No entiendo nada y menos que él se haya ensañado con los niños, y con su propia hija", remarcó Mónica en diálogo con UNO.Con mirada de desconcierto, Miguel recuerda: "Con Ñata y su marido, Guillermo, pasamos los mejores años de nuestras vidas. Vivimos enfrente y vimos crecer a nuestros hijos juntos. Y ahora esto. Es el demonio personificado el hombre que fue capaz de hacer una cosa semejante y no debe haber castigo en la Tierra para que pague por esto".Mónica, indignada, definió a Zalazar como "un hijo de puta que bien podía haberse matado él antes de hacer una cosa semejante. Digo yo ¿cómo puede un hombre haber llegado hasta este extremo? Si en algún momento hubiera discutido con la madre de su hija, pero nunca debía afrontar un problema de esta forma". Y reiteró: "Lo mejor es que él se hubiera pegado un tiro".La familia Arias era muy conocida y querida en la zona. Especialmente Susana, quien trabajaba en AYSAM y tenía un cargo importante, y mantenía a toda la familia. Cuidaba a los chicos y los mandaba al colegio como una verdadera madre. Ella se hacía responsable de todo. Era soltera. "Susana era una mujer ejemplar y por eso nos cuesta aún más entender un ensañamiento de esta índole precisamente hacia ella. Mejor dicho: ninguno merecía una muerte tan alevosa". En cuanto a la relación que tenía Zalazar con Claudia, Tedone y hija concordaron en señalar: "A él nunca lo vimos. Era pareja, pero vivía en otro lado. Acá sólo estaban las tres mujeres y los tres niños".Luego contaron que una de las dos hijas de Ñata, llamada Estela, está de vacaciones en México. "Ya le avisaron y no quiero ni pensar lo que debe estar pasando en estos momentos con casi todos sus seres queridos muertos, excepto su hermana Miriam, la mamá de Claudia, y abuela de los niños".Acerca de si escucharon gritos provenientes de la casa de Ñata, dijeron: "No. Lo único que escuchó mi mujer esta mañana (por ayer) fue un golpe muy fuerte. Primero pensó que era un tiro o que era una puerta cerrada de golpe", dijo Miguel. Ese golpe debe haber sido el portazo que, con furia, pegó Zalazar al momento de retirarse de la casa de su pareja después de cometer esa atrocidad.Mónica explicó que en una reunión Claudia le había confiado que sus hijos llevaban su apellido por decisión propia, ya que no quería ponerles el apellido de ninguna de sus parejas.Finalmente, un nudo les cerró la garganta y optaron por sumergirse en un doloroso silencio mirando hacia la casa de las víctimas, donde ayer por la tarde proseguían su tarea los peritos de la Policía Científica. Todo el vecindario consternado seguía en las veredas como no queriendo entender que una masacre semejante se hubiera consumado a pocos metros de sus viviendas .Sin consueloNicolás Bariffuza (25) es el padrino de la pequeña Mía. Ayer, en la Oficina Fiscal, apenas pudo balbucear unas palabras y dijo a UNO: "No sé cuáles fueron los motivos" que desataron la masacre. "No conozco mucho del caso", se excusó y luego se retiró junto con un familiar y los ojos llenos de lágrimas.El ir y venir de familiares y de amigos de las víctimas para declarar en la fiscalía parecía no tener fin y en todos los rostros se vislumbraba un profundo dolor.Fiscales y policías que trabajaron en el sangriento suceso, que tuvo incluso gran repercusión en las agencias internacionales, también estuvieron muy afectados.Cerca de las 18 llegó la magistrada Mirtha Olivera, jefa de los defensores oficiales, e ingresó en la fiscalía. Lo hizo en silencio. Olivera tendrá a su cargo la defensa técnica del imputado, que arriesga la prisión perpetua.
Hablan Miguel (80) y Mónica Tedone (53), íntimos de las víctimas, que vivían enfrente de ellos. En la Oficina Fiscal 3 de Godoy Cruz, donde Zalazar estuvo alojado hasta anoche, el movimiento fue febril




