El show mediático de Gil Pereg frente a las cámaras y los policías

Un show mediático. Esto fue lo que hizo Nicolás Gil Pereg (36), el hijo de una de las dos empresarias israelíes desaparecidas el 11 de enero, en las inmediaciones de su domicilio, en Guaymallén.

Fue después de concluido este sábado al mediodía el allanamiento ordenado por la fiscal Claudia Ríos como parte de la investigación para tratar de dar con el paradero de su madre Pirhya Saroussy (63) y su tía Lily Pereg (54) y de que la policía de investigaciones se retirara del lugar.

De sospechoso a víctima

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Si bien la información oficial es escasa, Gil Pereg quiso hablar con los medios, pero lo hizo de una manera muy particular: saliendo de su lugar de principal sospechoso -aunque no imputado en la causa- y mostrándose como víctima, en un barrio en el que, según afirmó, “reina la inseguridad”.

Explicó a los medios -e incluso llevó a periodistas y policías a una recorrida por casas vecinas a la suya- que "en la zona viven muchos delincuentes" que podrían tener que ver con lo sucedido con sus familiares y con los que él ya ha tenido problemas. Incluso mostró heridas de bala que tiene en su espalda, por un supuesto enfrentamiento con una de las bandas.

Disconforme con la investigación

“Acá es una zona muy insegura y la policía no hace nada, aunque saben dónde viven los delincuentes, a mi ya me han robado como 50 veces”, sostuvo Gil Pereg. Y agregó: “Yo estoy muy disconforme con el modo en el que se está realizando la investigación”.

En su deambular de una calle del barrio de Guaymallén a otra, acusó puntualmente a dos familias vecinas de vivir de la delincuencia. Según dijo, "unos son inmigrantes bolivianos" y a otros los mencionó como “los Ramos”. Con estos dos grupos aseguró haber tenido problemas.

Consultado por la prensa sobre por qué no acompañó a su madre y a su tía a tomarse el colectivo cerca de su casa la noche de la desaparición (el sábado pasado), Gil Pereg manifestó: “Yo no puedo salir de mi casa, porque me roban, no podía acompañarlas”.

Un hombre extraño

A juzgar por la soltura y la libertad de acción del principal testigo -y también sindicado como sospechoso, aunque no imputado en la causa- de la desaparición de las dos mujeres israelíes, pareciera que la investigación no está cargando las tintas en Gil Pereg. Los vecinos consultados tampoco lo ven en relación directa con el hecho, sino más bien como un hombre oscuro, huraño y maltratador de animales.

Lo cierto es que Gil Pereg tiene un estilo de vida muy extravagante: su vivienda, por fuera, parece un fuerte: cerco eléctrico, cámaras de seguridad, reflectores y altas chapas grises para ocultar el interior. Pero por dentro, según contó el personal de seguridad que participó en el allanamiento, es un sitio sin la menor comodidad. Tal es así que para realizar el procedimiento, hubo que proveerse de mesa y sillas porque en la casa no había nada.

El aspecto físico de Gil Pereg también es particular. Es alto y muy delgado, tiene la cabeza rapada -dicen los que lo conocen que hasta hace algunos días tenía cabello y barba larga- y despellejada.

Luce con la ropa descuidada y sucia. Llama la atención su gran claridad para hablar: a pesar de que se le nota un acento extranjero, maneja el castellano con fluidez y más allá de sus extraños hábitos de vida, se lo ve sumamente lúcido.

El hombre recalcó muchas veces que "si los periodistas quieren ayudar, que difundan la foto de mi madre y de mi tía y no me molesten más" y tampoco se cansó de decir "yo no sé nada de la desaparición, estoy mal por eso".

Maltrato animal

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De hecho, y luego de que en el primer allanamiento la policía encontrara cadáveres de gatos disecándose en una parrilla, Adriana Benítez, una vecina de Gil Pereg, pidió la intervención de asociaciones de protección de animales. La misma mujer que denunció y el abogado animalista Oscar Mellado ingresaron al predio y encontraron cinco perros atados y diez gatos, todos en muy malas condiciones de vida.

Hay testigos que aseguran que el hombre tortura y mata animales. Aunque esto aparentemente no tiene relación directa con la causa, contribuye a dibujar un perfil muy extraño del hombre israelí. Este además posee armas -legales- y miles de municiones. Pero los resultados del allanamiento, en donde hubo excavaciones y rastreo por parte de perros entrenados para hallar cadáveres, no arrojaron nuevos resultados esclarecedores para la causa.