Por Catherina [email protected]
Los objetivos fueron restoranes de la Arístides. De uno de ellos, mediante un boquete, se llevaron $60.000. En los dos restantes causaron roturas y estropicios. No conformes, defecaron por todo el salón.
Salvaje realidad: en tres asaltos al hilo en la Quinta Sección hasta defecaron en un salón y la Policía no actuó
Tres robos en forma simultánea ocurridos ayer a la madrugada a igual número de restoranes de la coqueta calle Arístides Villanueva de la Quinta Sección de Ciudad, y que reportaron suculentos botines a los ladrones, podrían ser la noticia del día. Sin embargo, hay otra que la superó. En la esquina de uno de los locales,”John Dillinger”, de Arístides al 298, el más afectado por los delincuentes, existen tres cámaras de seguridad que mostraron un hecho inédito: la alarma sonó, llegó un patrullero y sus ocupantes, lejos de descender del mismo para intervenir ante lo que se supone un hecho delictivo, se quedaron inactivos. Insólito, pero cierto. Y hay dos cámaras privadas del restorán que muestran esto, más la del Ministerio de Seguridad, las cuales ya fueron secuestradas por los investigadores.
Los ladrones tuvieron todo el tiempo del mundo para disponer nada menos que de tres lujosos locales gastronómicos a “gusto y piacere”. Desde las 3 hasta las 7 hicieron estragos en cada uno de ellos, ya que actuaban en zona liberada.
La faena comenzó dentro de “La Lucía”, que está pegado a “Dillinger”. Aquí los maleantes ingresaron por la puerta posterior pasadas las 2.30, hora en la que se retiraba el último empleado. Ellos tienen que haber conocido este dato y agazapados en el techo esperaron para entrar. Adentro hicieron estragos, revolvieron todo el local arrojando papeles por doquier y cajas. No conformes con esto también robaron una CPU y una notebook, además de dinero cuyo monto aún no fue denunciado por su propietario.
A esto le sumaron el total desprecio por la propiedad ajena, ya que defecaron y orinaron en distintos puntos del local.
Fernando trabaja allí y fue quien ayer a las 7 llegó y se encontró con un cuadro desolador. A medida que avanzaba iba notando los estropicios cometidos. Cuando llegó detrás del mostrador y vio toda la documentación en el suelo y los faltantes de partes de las computadoras decidió no tocar nada y llamar a la policía.
El hombre de 42 años mostró todo su desagrado ante una situación “que cada vez se va a poner mucho peor porque no se hacen los controles que corresponden”, para preguntarse “¿para que estaban la alarma y las cámaras?”. No faltó la crítica a los Organismos de Derechos Humanos, porque “si nosotros nos armamos y herimos a alguien que nos ataca, allí están ellos... Ahora, por supuesto, no”.
La patrulla antiboqueteDiario UNO pudo conocer que existe desde hace tiempo una patrulla antiboquete que funciona cuando salta una alarma, referida a esta modalidad de robo. Parece que en el caso de Dillinger, donde abrieron un agujero de entre 30 y 40 centímetros en el techo de la cocina, la patrulla no la escuchó. ¿Entonces qué vino a hacer al lugar....¿ a mirar ? Se preguntaron indignados dos empleados del lujoso local quienes confirmaron que allí estuvo un patrullero. “El no hacer nada -agregaron- les posibilitó a los ladrones llegar hasta la caja de seguridad empotrada en un muro y sacar de su interior $60.000 aproximadamente”.
“A mí -relató un empleado -me pararon porque no llevaba lentes cuando iba en moto, pero para ocuparse de la inseguridad no se les mueve un pelo. Parece que a ellos nunca les va a tocar y en esto, mal que les pese, estamos todos en la misma bolsa. La cana también”.
►4 horas tuvieron los delincuentes para consumar su faena en los tres lujosos locales para luego irse sin ser estorbados.




