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Aberrante hecho

Salió de la cárcel y volvió a atacar: violó y mató a una comerciante al azar en Santa Fe

Por UNO

"Doble fractura en el rostro; lesiones en el ojo izquierdo; en la oreja y en la mano derecha; politraumatismos en la cabeza y las huellas del delincuente en el cuello, que quedaron grabadas mientras intentaba asfixiarla". Esa es parte de la crónica en la que Diario Uno de Santa Fe contaba cómo Jorge Romero golpeó e intentó violar a la empleada de una panadería en 2013, en la zona sur de la ciudad.

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Por ese hecho, Romero, que hoy tiene 28 años, estuvo en la cárcel hasta julio de este año. Este fin de semana se entregó a la policía después de confesar que había matado a una mujer.

Gabriela Degiorgio, de 36 años, tenía un local de diseño en Esperanza. Estaba atendiendo cuando Romero entró, la violó y la mató.

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Él vive en Recreo, a 22 kilómetros del lugar del hecho. Ese día se tomó un colectivo, se bajó en la terminal y caminó buscando a una víctima. "Podría haber sido cualquiera. Eligió al voleo", dijeron fuentes policiales.

Se bajó del colectivo, caminó, entró al negocio, mató a Gabriela y se fue. Todo en 20 minutos.

Después de asesinar a la mujer, Romero fue hasta una panadería. Tenía las manos llenas de sangre. Compró un agua y se las enjuagó. Se tomó un remis y volvió a Recreo.

Al día siguiente, después de un allanamiento en el que la Policía encontró su ropa manchada con sangre, se entregó en Santa Fe. "Dejen de buscar, soy yo el que mató a la mujer", dijo en la comisaría, según relató el fiscal Alejandro Benítez.

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Romero estaba libre desde julio. Había pasado seis años preso por un ataque de las mismas características, solo que en aquella ocasión la mujer sobrevivió.

En aquel entonces, entró a una panadería para pedir trabajo. "El sábado a la siesta estaba trabajando. A las 15 hacíamos el cambio de turno y a las 14.30 ingresa un chico y me pregunta si no se necesita un panadero, que él había hecho un curso sobre eso. Se puso a hablar unos 10 minutos conmigo, contándome que necesitaba trabajo porque había sido papá hace poco en Rafaela, que su mamá había muerto cuando él tenía seis años", le contó la víctima a Diario Uno en 2013.

"Cuando dejo el papel con sus datos en el mostrador, él me agarra, me tapa la boca y me lleva para atrás. Me dijo que me iba a atar, que no grite y no paraba de pegarme. Me empezó a tocar y me dijo que me meta en el baño. Le contesté que no, me siguió pegando y me empezó a asfixiar. Yo no podía respirar, sentía que sangraba por la nariz y la boca. Sentía los golpes y me veía el pelo con sangre. No sé de dónde saqué fuerzas, zafé una mano y le pegué", siguió el relato.

"Me siguió pegando hasta que entró una persona a la panadería", contó M. E. Romero se escapó y lo detuvieron poco después gracias a los datos que había registrado la víctima.

Salió de la cárcel el 16 de julio de 2019. Cuatro meses después volvió a atacar, y Gabriela, su víctima, no corrió con la misma suerte.

Los fiscales Alejandro Benítez y Marcelo Nessier le atribuyeron al Romero la autoría de homicidio calificado criminis causae y por mediar violencia de género, femicidio, abuso sexual con acceso carnal y robo. Todos en concurso real entre sí.

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