Fue robado del cementerio de la Capital el busto de bronce del jurista y periodista mendocino, Manuel Antonio Sáez. Era una obra histórica, ya que había sido realizada por el escultor Juan José Cardona, el mismo que realizó, entre otras, el cóndor ubicado en el ingreso a la ciudad y el Monumento al Obrero, encargado en 1918 por el entonces gobernador José Néstor Lencinas y erguido en el Parque General San Martín por su hijo, Carlos Washington Lencinas, en 1922.
Este lunes se detectó que el busto había desaparecido de su pedestal y se sumó a una larga lista de robos de placas, adornos y demás objetos.
Algunas familias han advertido a través de redes sociales que los robos son muy frecuentes y notorios. Incluso hay quienes aseguran que, después de robar las puertas de bronce de algunos mausoleos, se han robado los restos de los difuntos.
Manuel Antonio Sáez nació en noviembre de 1834. Era hijo de Juan de Dios y de Gregoria Panero y Pizarro y de Sixta, una esclava africana que murió poco después de haber nacido Manuel.
Su padre lo mandó a estudiar a Valparaiso y casi accidentalmente terminó llegando al puerto alemán de Hamburgo, casi como polizón. En Europa estudió derecho y después de viajar por el mundo regresó a Sudamérica, primero a Santiago de Chile y después a San Luis, donde fundó el primer periódico de esa provincia, “La Actualidad”. Escribió muchos libros y vivió alternativamente en Chile, y las provincias de Cuyo. Su mujer y sus dos hijos murieron en el terremoto de 1861.
En 1880 regresó a Mendoza y se radicó en su hacienda, “El campamento”, en Las Heras. Allí pasó los últimos años de una vida novelesca, que concluyó el 13 de octubre de 1887. Se lo considera una de las mentes mendocinas más brillantes de la historia.
Un antecedente
En agosto de 2008 la Cámara del Crimen, de San Martín, condenó a 6 años y medio de prisión a un remisero, un camionero y un pintor de obra por el robo de la estatua que recordaba la tragedia ferroviaria de El Alpatacal, en La Paz, ocurrida en julio de 1927.
Era una escultura de 3,5 metros de altura que mostraba a una mujer con una palma en la mano y uno de sus pechos descubierto, pesaba 3.000 kilos y fue vendida en una chacharita de Rodríguez Peña por $28.000.
Los acusados, junto a otros tres que permanecieron prófugos, entre el domingo 13 y el lunes 14 de agosto de 2006, tiraron con sogas la estatua, la cargaron en un camión y la trasladaron hasta la chacarita donde la vendieron como chatarra.
El monumento, que nunca fue recuperado, había sido donado por la República de Chile en memoria por la tragedia ocurrida el 7 de julio de 1927, a las 4.11 en la estación de trenes Alpatacal, el mayor accidente ferroviario de la historia argentina en donde murieron 12 militares chilenos y 18 ferroviarios. Los cadetes pertenecían a una delegación de la Escuela Militar de Chile que se dirigía a Buenos Aires para asistir a los actos del 9 de Julio. Pese al trágico saldo, los sobrevivientes llegaron a destino.


