Catherina Gibilaro [email protected]
Alicia Villarreal de Bianco (77) fue asaltada en su vivienda de la Quinta Sección, de donde le robaron U$S5.000. Entre los delincuentes había una mujer. Arremetieron ferozmente contra la propietaria y su mucama
“Perdón si no puedo hablar, quisieron estrangularme y estoy muy shockeada”
“Perdón si no puedo hablar, quisieron estrangularme y estoy muy shockeada”. Con esta frase Alicia Villarreal de Bianco (77) ilustró a UNO los dramáticos y casi trágicos momentos que le tocó vivir al ser asaltada por dos hombres y una mujer en su vivienda de la Quinta Sección de Ciudad. Los delincuentes se alzaron con un botín de U$S5.000 equivalente a unos $72.000.
Este nuevo suceso, que deja en claro la inseguridad reinante en cualquier punto de Mendoza, tiene otra víctima: la mucama, Laurita, quien estuvo permanentemente amenazada con una navaja en el cuello mientras duró el asalto que dejó con dificultades para hablar a la dueña de casa.
Todo comenzó entre las 10.30 y 11 de ayer cuando la propietaria regresaba a su vivienda de Emilio Civit 100. Apenas cruzó el jardín, apareció una pareja muy bien vestida. La llamaron y le dijeron que le traían un paquete de parte de su hija Pimpi, quien reside en Santiago de Chile.
Esto en un principio le llamó la atención a Alicia porque su hija mantiene contacto permanente con ella y en ningún momento le manifestó el supuesto envío. Quedó sorprendida, pero no pensó que estaba frente al archiconocido cuento del tío. Entonces, amablemente los hizo pasar. Apenas habían puesto pie dentro de la casa mostraron sus verdaderas intenciones. La empujaron con violencia y en ese momento, ingresó el tercer asaltante. El que había entrado con la mujer la tomó con fuerza del cuello y comenzó a zamarrearla con fuerza mientras en tono amenazante la intimaba: “Dame la plata.Decime dónde está o esto termina mal”. Esto fue escuchado por la mucama, quien se asomó para socorrerla, pero fue lo único que pudo hacer porque el tercer sujeto que había entrado la tomó de atrás y le colocó una navaja en el cuello que la paralizó.
Los delincuentes estaban dispuestos a todo. Tan es así que pretendieron encerrar a ambas mujeres en el baño, aunque no pudieron hacerlo porque las puertas no tenían llave. Entones decidieron volver a la situación inicial: a la dueña le apretaron fuerte el cuello mientras seguían zamarreándola a tal punto que esto le impedía respirar y a la mucama la mantenían bajo amenazas con la navaja.
Allí la mujer se dio cuenta de que estaban dispuestos a todo sin medir las consecuencias y entonces para evitar males mayores, les indicó dónde estaba el dinero. La pareja que había entrado detrás de ella fue corriendo hacia el placard, donde estaba la plata mientras su cómplice mantenía bajo amenaza a las dos mujeres pese a su estado de indefensión y a las condiciones en que había quedado la dueña de casa.
Con los U$S5.000, equivalentes a unos $72.000, decidieron encerrarlas y escaparon. Las víctimas no pudieron ver qué medio utilizaron para hacerlo.
Por su parte, los pesquisas no dudan de que los delincuentes no sólo hicieron vigilancia previa, sino que contaban con datos precisos sobre los allegados a la familia de Alicia.




