Policiales Martes, 6 de noviembre de 2018

"No me quedé con un peso de nadie: lo juro por mi hijo"

Adrián Guirín fue condenado ayer a 4 años de prisión efectiva por 90 estafas a clientes que le pagaron por la organización de cenas de egresados, casamientos y fiestas de quince y se encontraron con la desagradable sorpresa de que había huido incumpliendo los servicios contratados.

"No me quedé con un peso de nadie: lo juro por mi hijo", aseguró el ex titular de la firma Golden Fest antes de ser declarado culpable.

"A los damnificados voy a devolverles el dinero en la medida de mis posibilidades", cerró.

Guirín, de 33 años, de palabra siempre a flor de labios y discurso convincente y entrador -máxime si de hacer negocios se trata- fue sentenciado por el juez de Garantías Marcos Pereira en juicio abreviado.

Se arribó a esta instancia gracias al acuerdo entre el fiscal de Delitos Económicos Santiago Garay y la abogada defensora Cristina Sánchez, de que a Guirín le impondrían una pena de prisión mínima siempre y cuando acepte haber cometido las estafas. Y así fue.

En julio último, esta instancia judicial había fracasado. La jueza de Garantías Alejandra Mauricio rechazó el pacto fiscal-defensa de fijar una pena mínima a cambio de la confesión y concluyó que el empresario debía ser llevado a juicio oral y público en el formato tradicional (con testigos y víctimas, durante varias jornadas) bajo el argumento de que Guirín es inteligente e instruido y que sabía perfectamente que estaba delinquiendo y hasta qué punto había perjudicado material y emocionalmente a las víctimas.

Motivos

Es potestad de los jueces de Garantías validar o desechar los acuerdos que promuevan el desenlace de una causa judicial vía juicio abreviado. Por eso, ayer, a diferencia de su antecesora Mauricio, el juez Pereira sí aceptó condenar a Guirín en los términos acordados entre el fiscal y la defensora. Fundamentó la decisión en comentarios sobre Derecho Penal publicados en reputados libros de Derecho por Jorge Coussirat, uno de los jueces penales de Mendoza tan prestigioso como opositor a ciertas reformas judiciales, como la instauración de los juicios por jurado popular en Mendoza.

Que la fiscalía estuviera de acuerdo en fijar una condena en juicio abreviado fue considerado por el juez Pereira como el acto más justo posible en esta instancia. Es que el rol de la fiscalía no es menor: tuvo a su cargo la pesquisa y conoció de primera mano cada detalle, desde la recepción de las denuncias contra Guirín hasta la elevación a juicio pasando por la captura.

Sin embargo, Pereira fundamentó por qué el empresario debía ir a la cárcel. "Porque las estafas fueron reiteradas: 90 hechos en total. Se puede hablar de incumplimientos contractuales pero en 1 o 2 casos, no así en 90 como en esta causa".

La "confesión y admisión de haber cometido cada una de las estafas" por parte de Guirín fue determinante para sellar su suerte. Igualmente valiosas fueron pruebas materiales como contratos y comprobantes que dejaron "en evidencia que Guirín, a través del ardid de la falsa identidad, engañó y perjudicó patrimonialmente a terceras personas".

También las condiciones en que fue capturado, en El Carrizal, fueron claves: "Estaba oculto en un matorral", describió el magistrado.

Contado desde adentro

Guirín entró a la sala de audiencias esposado y bajo custodia penitenciaria. Eran las 11.06. Antes que nada guiñó el ojo y besó a la distancia varias veces a su joven pareja, quien estuvo a punto de llorar desde uno de los bancos destinados al público. Ella es la madre del pequeño por el cual Guirín juró que no tenía ni un peso de sus víctimas. Con ella estaba Guirín cuando fue detenido hace más de un año en El Carrizal mientras en los tribunales los damnificados exigían su captura inmediata y la devolución del dinero pagado entre 2016 y 2017 por diversos eventos.

Locuaz fue el comportamiento de Guirín cuando el juez Pereira le cedió la palabra antes de emitir la sentencia condenatoria que el propio empresario deseaba. "Espero que esta vez sí se pueda homologar el acuerdo, no como pasó con la otra jueza. Estoy arrepentido de mis actos. Nunca entorpecí el proceso judicial", arrancó en voz alta, repitiendo un discurso cuidadosamente estudiado y seguramente elaborado por la defensora técnica. "Quiero pagar cuanto antes esta condena para recuperar mi vida junto a mi esposa y mi hijo", siguió. Y volvió a mencionar al pequeño, que nació mientras él estaba preso y el caso avanzaba en la etapa de investigación: "A mi hijo quiero dejarle un mensaje claro: voy a indemnizar a las víctimas demore lo que demore".

Una mueca de alivio se percibió en el rostro de Guirín cuando a las 11.23 el juez Pereira leyó que lo condenaría a 4 años de prisión en juicio abreviado, ya que en uno tradicional el monto de la pena pudo haber sido mayor.

Una vez terminada la audiencia y mientras volvían a esposarlo, Adrián Guirín y su joven pareja se besaron casi con desesperación antes de volver a separarse: él, de regreso al penal de Boulogne Sur Mer y ella, adonde nadie la viera llorar.

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