Buscan probar el contexto de violencia
El doble femicidio ocurrido el sábado 5 de noviembre a la noche en Paraná, tiene al exintegrante de la Prefectura Naval Argentina, Orlando Ojeda, imputado y detenido en la Unidad Penal N° 1. El hecho es indiscutible: hay demasiadas pruebas de que el hombre de 46 años fue a matar a su expareja, Romina Ibarra, de 37, en el barrio Mosconi, al salir baleó a un vecino que intentó auxiliarla, y luego fue a matar a su exesposa, Lidia Milessi, de 45, en el barrio Los Gobernadores. Los fiscales Juan Francisco Ramírez Montrull y María Eugenia Smith están reuniendo testimonios que permitan reforzar la imputación por Homicidio calificado por violencia de género. Si bien es obvio el motivo del ataque mortal, se intenta probar el contexto y la historia de violencia que ambas víctimas sufrieron por parte del asesino para solicitar la prisión perpetua por ese agravante. De todos modos, también se calificaría el delito como Homicidio calificado por alevosía, ya que en el caso de Ibarra, la mujer fue ultimada con un disparo cuando estaba en el suelo, herida por el primer balazo, absolutamente indefensa. Respecto de las demás pruebas, ya fueron elevados a la Fiscalía distintos informes que prueban lo que era sabido: por ejemplo, la pericia balística que confirmó que las vainas servidas encontradas en las dos escenas del crimen eran compatibles con la pistola 9 milímetros secuestrada a Ojeda.
Lidia Milessi está presente en su familia, en la escuela, en las reuniones de docentes que trabajaban con ella. El recuerdo de su fortaleza como madre, su buen ánimo y humor, ayudan a los que la extrañan a sobrellevar el dolor inmenso. Según supo UNO, los tres hijos que quedaron huérfanos están contenidos por sus tíos y abuelos. Con ellos viven los dos más chicos, mientras que el mayor eligió seguir viviendo en la casa donde, hace un mes, vivían todos con su mamá, y donde Ojeda le puso fin a su vida. Los chicos son Milessi, no son Ojeda, ni lo fueron realmente. Ana María, hermana de la víctima, escribió en Facebook: "Después de varios días me animo a escribir, les doy las gracias a todos que de una forma u otra nos han acompañado y nos siguen acompañando en este gran dolor, que creo no superaré nunca porque no le encuentro explicación, a que una persona sea tan cruel y perversa para hacer lo que hizo con mi hermana y mis sobrinos, porque no solo le quitó la vida a ella, nos la quitó a todos (...)".
Hoy no será un día más en la División 911 de la Policía. Los compañeros de Romina Ibarra recordarán que hace un mes comenzaba su ausencia, que aún no pueden comprender, tal como se demostró en la congoja generalizada la mañana que despidieron sus restos en el Cementerio Municipal. Romina tenía dos hijos menores que quedaron al resguardo y contención de sus tíos y abuelos.
"Estuvo absolutamente planificado"
En la madrugada del 7 de noviembre, Juan Pablo Ledesma concretó la matanza que había planeado: viajó con sus dos hijas de 5 y 7 años desde Basavilbaso a Concepción del Uruguay, a la casa donde vivía su expareja y mamá de las niñas, Johana Carranza. Con una cuchilla mató a las tres y al novio de la mujer, Carlos Peralta. Ledesma se encuentra alojado en la Unidad Penal 4 de Concepción.
Los padres de Carranza y la madre de Peralta están representados en la causa por los abogados Guillermo Mulet y Rubén Pagliotto. Los letrados informaron a UNO que pedirán a la fiscal Melisa Ríos que el caso no se resuelva con un juicio abreviado, sino que se lleve al asesino a un debate oral y público: "Es reparador para las víctimas y ejemplificador para otros casos", aseguró Mulet. Mientras, están esperando los resultados de pericias de ADN que se están realizando en el Gabinete de Genética Forense del STJ, así como las psiquiátricas. Estas podrían ser valoradas por la defensa para alegar, eventualmente, la inconsciencia del imputado al momento de los hechos, pero según la querella el crimen "estuvo absolutamente planificado".
Caso Do Santo: analizan horas de filmaciones
El asesinato de Jéssica Do Santo ocurrido en la madrugada del domingo 6 de noviembre en Paraná es el más complejo desde el punto de vista de la investigación, y el único que hasta ahora no tiene imputados. El cuerpo de la mujer fue hallado tres días después, desmembrado, en el predio al lado de la cancha de la exfábrica Portland, en Bajada Grande. La autopsia determinó que falleció por un disparo en la cabeza. La mujer vivía en situación de prostitución y la última persona que la vio con vida fue en el barrio Las Flores, donde vivía. La División Homicidios tiene a dos personas en la mira, por las cuales se han hecho allanamientos, pero hasta ahora no se han encontrado pruebas para acusarlos. En los últimos días, los investigadores han seguido recorriendo lugares que eran frecuentados por la víctima, y se secuestraron para las grabaciones de cámaras de vigilancia, tanto del 911 como de particulares, de las calles de donde podría haberse ido con alguno de los hombres bajo sospecha. Son unas 14 horas de filmaciones que están siendo analizadas por la Dirección Inteligencia Criminal, con la esperanza de que surja algún dato que confirme alguna de las hipótesis.
Con preventiva, a la espera de la perpetua
Miguel Cáceres, de 55 años, está alojado en la Unidad Penal N° 4 de Concepción del Uruguay, con prisión preventiva dictada por el Juzgado de Garantías de Rosario del Tala. Cada prueba que se incorpora al legajo de la Fiscalía confirma el pronóstico de prisión perpetua para el femicida que terminó con la vida de su esposa, Ana Barbelli, de 39 años, y dejó a seis hijos huérfanos (de 10, 12, 15, 18, 20 y 23 años). Fue pocos días después de los crímenes de género ocurridos en Paraná y Concepción, el 14 de noviembre.
Cáceres había sido rescatado por la Policía, para poder juzgarlo como se debe, justo a tiempo cuando ya se había colgado de un árbol en un campo de Gobernador Echagüe para suicidarse.
Al igual que en los demás casos, se esperan las pericias psiquiátricas, pero también se están incorporando a la causa testimonios del entorno del matrimonio. Además, el contexto de violencia de género, que es necesario probar para el agravante en el delito de homicidio para el pedido de prisión perpetua, ya fue corroborado por los testimonios de los hijos de la víctima, principalmente la violencia psicológica.



