Cuatro de los ocho rugbiers detenidos prestaron declaración como autores del crimen de Fernando Báez Sosa. Máximo Thomsen, Enzo Comelli, Blas Cinalli y Ciro Pertossi optaron por la misma estrategia monótona: decir exactamente lo mismo.
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Los cuatro decidieron echarle la culpa a fallas procesales, a no ser informados debidamente para ejercer su derecho a la legítima defensa. En la misma línea, decidieron hablar una y otra vez de su desconfianza a la fiscal Verónica Zamboni con líneas incisivas.
Fernando Burlando, el principal abogado de la familia Báez Sosa, fue otro de los apuntados por los rugbiers. Hablaron de una condena mediática mientras se victimizaban y evitaban reconocer el crimen, pedir perdón o siquiera arriesgar un gesto de arrepentimiento.
Máximo Thomsen, por su parte, decidió declarar algunas cosas un tanto polémicas. “Quiero aclarar que en la cárcel no estamos como dicen los medios, que dicen que tenemos aire acondicionado, que tenemos ventiladores, que somos presos VIP cuando en realidad estamos toda la noche escuchando lo que nos dicen otros presos, que nos gritan que tienen precio nuestras cabezas, que Burlando los va a defender, que nos quieren violar. Nos gritan de todo por la ventana”, aseguró el joven.
Los ocho imputados se encuentran aislados de los más de 800 detenidos que ocupan el penal de Dolores. Los rugbiers están todos en la misma celda en el sector de alcaidía, van a las duchas estrictamente vigilados y sus familias los visitan fuera del horario regular. Los asiste un psicólogo y los visita un pastor evangélico.
Al final de su declaración de este miércoles, la fiscal Verónica Zamboni le preguntó a Thomsen si va a responder preguntas en relación al asesinato de Fernando. El detendio respondió: “No porque no confío en la fiscal porque nos mintió desde el primer día. Voy a presentar un escrito”, finalizó.

