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Macabro crimen: la trituraron y se la dieron de comer a los cerdos

La mafia italiana acabó con María Chindamo, según la confesión de un arrepentido. Los macabros detalles del crimen de la agropecuaria

María Chindamo, agropecuaria, fue vista por última vez en 2016. Desde entonces era buscada por su familia hasta que un arrepentido confesó haber participado de su asesinato. Según reveló, el crimen fue perpetrado por la mafia italiana debido a que la mujer se negaba a vender sus tierras.

Antonio Cossidente, ex miembro del clan de los Basilischi, contó que Chindamo fue secuestrada, asesinada y triturada por una máquina agrícola para posteriormente ser comida por cerdos.

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La mujer era dueña de una finca agrícola ubicada en Laureana di Borrell, en la provincia de Reggio Calabria, y se negaba a venderla por lo que, según declaró el arrepentido, el clan Basilischi decidió matarla.

Los periódicos italianos Corriere della Sera y La Repubblica informaron que en febrero pasado Cossidente le contó a los magistrados de Catanzaro que se enteró a través de otro mafioso, Emanuele Mancuso, capo del clan homónimo de Limbadi, en provincia de Vibo Valentia, el atroz final de Chinamo.

Mancuso, con quien Cossidente compartía celda, aseguró que la mujer habría sido asesinada por negarse a ceder sus terrenos a otro mafioso: Salvatore Ascone, llamado “u Pinnaularu”.

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Macabro crimen de la mafia: la trituraron y se la dieron de comer a los cerdos

Macabro crimen de la mafia: la trituraron y se la dieron de comer a los cerdos

Es un narcotraficante del clan Mancuso que era vecino de campo de Chindamo y que fue detenido en julio de 2019 por haber saboteado el sistema de videovigilancia instalado en la casa de la mujer, para impedir la grabación de imágenes del ingreso del campo de la empresaria.

Cossidente brindó detalles macabros. Dijo que después de haber sido arrastrada hasta un furgón, la mujer fue llevada a una casa colonial, donde fue asesinada, luego tirada en un terreno, triturada por una trilladora y dada de comer a los cerdos, que habían mantenido en ayunas varios días a propósito.

Los investigadores buscaron en vano huellas de sangre de la mujer a lo largo de estos cuatro años en diversas casas de la zona y en decenas de máquinas agrícolas.

Donde sí se hallaron fueron en su vehículo y en las paredes que rodean el ingreso a su empresa.

La mujer desapareció justo para el aniversario del suicidio de su marido, Ferdinando Punturiero, quien se ahorcó después de que la pareja decidiera separarse. De ahí que la primera línea de investigación tuvo que ver con una posible venganza por parte de la familia de este hombre, aunque la hipótesis no prosperó por falta de pruebas.