Se lo pidió el empresario Carlos Delugan (56) a un vecino, tras recibir cuatro balazos de dos delincuentes. El hombre salía de su depósito en Las Heras para regresar a su casa ubicada en La Puntilla. Le robaron su Nissan.

“Llamá a mi esposa porque me estoy muriendo”

Por UNO

Por Catherina GibilaroUn empresario se encuentra en grave estado luego de haber sido atacado por dos sujetos que lo interceptaron cuando estaba saliendo de su depósito en Las Heras y le efectuaron cuatro disparos a quemarropa para robarle la camioneta.

Uno de los proyectiles le dio en el cuello, dos en el abdomen y otro en la ingle. Todos serían de un arma calibre 22.

Ayer por la tarde fue operado en el hospital Luis Lagomaggiore a donde fue llevado de urgencia por una ambulancia del Servicio de Emergencia Coordinado. Recién cerca de las 20 el hombre salió de la sala de cirugía, donde le extirparon un riñón y pasó a terapia intensiva. Su pronóstico es reservado.

La víctima, Carlos Alejandro Delugan (56), quiso evitar que le robaran su Nissan Frontier chapa HLB 806 color roja, en la cual pensaba regresar a su vivienda ubicada en La Puntilla a eso de las 16.30. En ese momento, estaba a punto de cerrar el portón del depósito de almidones y glucosa ubicado en Saavedra 159, de Las Heras.

De repente, se le acercaron dos sujetos jóvenes, quienes se apropiaron del vehículo y cuando él se acercó al volante para impedir que se lo llevaran, uno de los delincuentes hizo marcha atrás provocándole la caída al suelo. En estas condiciones y sin que les temblara el pulso, le dispararon 8 veces, cuatro de las cuales dieron en el hombre, quien estaba totalmente indefenso y quedó herido de gravedad.

Las detonaciones, una detrás de la otra, llamaron la atención de los vecinos, que ganaron prontamente la calle y fueron corriendo a donde estaba Delugan, para socorrerlo. Apenas vio a uno de ellos, a quien conocen desde hace muchos años, muy pálido, alcanzó a decirle: “Llamá a mi esposa porque me estoy muriendo”. Incluso, antes de perder el conocimiento, pudo darle el número a su vecino y cuando escuchó la voz de ella le pidió: “Vení, que me estoy muriendo”. Los vecinos, desesperados, le sacaron rápido el celular para no asustar a la esposa, le colocaron una almohada improvisada y le sacaron la campera para taparlo. 

“Allí fue cuando yo observé dónde le habían disparado. No le salía mucha sangre y trataba de darle ánimo. Cuando llegó una hermana y lo vio en esas condiciones –sumamente pálido– la escena fue desgarradora. Le cuento que yo llevo muchos años acá y no había visto tanta violencia como ahora”, contó el hombre muy conmocionado por lo que había vivido momentos antes con Delugan.

Mientras tanto, ya habían sido puestos en conocimiento del grave hecho los tres hijos del empresario. 

Uno de ellos comentó acongojado: “Cuando nos enteramos, el trayecto de La Puntilla hasta el hospital Lagomaggiore lo hicimos en 10 minutos. Allí dejamos a nuestra hermana y nos vinimos acá. Estos tipos están cebados. El año pasado, cuando salí a defender a una chica que otros maleantes intentaban asaltar, me efectuaron disparos, pero por suerte ninguno de ellos me alcanzó”.

Otro de los hijos también con el rostro desencajado remarcó: “Estos tipos no tienen límites. Hoy le tocó a mi padre, pero miremos un poco para atrás y veamos cuántos hechos hay aún no esclarecidos. Espero que pueda salir de esto, pero es desesperante vivir así”.