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Lo dijo un testigo después de que seis delincuentes ingresaron al local de Don Aldo, en la Sexta Sección, con pistolas 9 milímetros. De la caja se llevaron $8.000 y a los clientes les sacaron sus efectos personales. Huyeron en tres motos.

“La policía es una figura decorativa en la zona”, dicen en la Sexta sección

Por Catherina Gibilarocgibilaro@diariouno.net.ar

El hecho de estar en un lugar concurrido y en una zona donde el tránsito es permanente no fue impedimento para que seis asaltantes fuertemente armados les hicieran pasar un muy mal trago a los dueños de un restorán en la Sexta Sección y su clientela mientras estaban departiendo un ameno momento. A un comensal le pegaron un fuerte cachazo en la cabeza.

Los delincuentes con total desparpajo y contando con una impunidad absoluta –“la policía es una figura decorativa en la zona”, según dijo a UNO una de las víctimas– ingresaron a rostro descubierto y con armas de gruesos calibre se distribuyeron estratégicamente la “tarea”.

Fue así como uno de ellos fue directamente a la caja recaudadora, a cargo del propietario, Aldo David Fossas (29), a quien apuntó mientras le exigía que le entregara todo el dinero de la caja.

Apenas habían pasado pocos minutos de la hora 0 cuando en el restorán Aldo, en calle Suipacha al 600 de la Sexta Sección de Ciudad, los comensales aterrorizados vieron cómo los demás delincuentes iban hacia ellos, obviamente con el mismo propósito de robarles cuanto llevaban consigo. Así fue como atacaron a Juan Ignacio Vargas Tonda (27), Daniel Villarreal Amaya (38) y Roxana Ochoa (38).

A Fossas un delincuente le robó la suma de $8.000 que tenía en la caja mientras que a los clientes les sacaron dinero y celulares.

Irascible y violentoPero la sed de haberse hecho un buen botín no se calmó, porque en vez de escapar con lo robado, y posiblemente porque Villarreal protestó por la inseguridad que le estaba tocando vivir, uno de los maleantes, el más irascible, volvió sobre sus pasos, lo encaró y le asestó un fuerte cachazo en la cabeza que le provocó un profundo corte y le dejó el rostro ensangrentado.

Ahora, sí. Ya habiendo dado rienda suelta a toda su furia salió a la calle donde se encontraban sus cómplices listos para subir a las tres motos de gruesa cilindrada en las cuales habían llegado, previo haber estudiado el terreno en el cual iban a dar el golpe.

Aceleraron y partieron raudamente del lugar.

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