La muerte de Rosario Belén Amitrano es una herida abierta

Por UNO

Por Catherina [email protected]

Ser periodistas y cubrir juicios referidos a la muerte de una beba, con todo lo que ello implica, nos marca a fuego. Nosotros no somos jueces y por lo tanto no condenamos pero no podemos dejar de tener sentimientos.

Por eso no creo en la objetividad del periodista justamente porque sí los tiene.

Sin embargo tiene la obligación de ser honesto y darle al lector un panorama claro de lo que ocurre en una sala de debates.

La muerte de Rosarito Belén Amitrano nos dejó desde hace años un sabor amargo en la boca y un dolor indescriptible, mas allá de que la hayamos conocido o no.

Ella estaba indefensa. Finalmente hoy hay todo un jurado que tiene el deber de otorgarle algo que nadie le dio: justicia.