Shichi Yokoi, hijo de una familia humilde, trabajaba como aprendiz de sastre antes de ser reclutado como soldado en 1941, a los 26 años. Su historia de guerra roza lo insólito y dejó en claro hasta dónde puede llegar una persona en busca de sobrevivir.
La historia del soldado oculto en la selva por una guerra que había terminado hacía 30 años
El caso del soldado japonés que logró sobrevivir tres décadas en medio de la selva superó todo tipo de ficción
En 1943, en el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, fue transferido a Guam, una isla ocupada por Japón que era un punto estratégico en el Pacífico. Sin embargo, al año siguiente las fuerzas estadounidenses recuperaron el control tras intensos combates que diezmaron a los 22.000 soldados japoneses. La mayoría murió o se rindió, pero Shichi Yokoi tomó otra decisión.
El soldado fue fiel al mandato del emperador Hirohito de no rendirse, por lo que huyó a la selva con nueve compañeros. Nunca se imaginó que esa travesía iba a durar 28 años.
Un solitario soldado en la selva
Para evitar la captura, considerada una deshonra, Shichi Yokoi y su grupo construyeron un refugio subterráneo cerca de unas cascadas. Sobrevivieron cazando y recolectando. Su dieta incluía frutas silvestres, nueces, mangos, papayas, camarones, caracoles, ranas, ratas e incluso ganado ocasional.
Inicialmente, el grupo se mantuvo unido, pero la escasez de alimentos los obligó a separarse. Siete soldados se alejaron, y para 1964, Shichi Yokoi encontró a sus dos últimos compañeros muertos, probablemente por inanición tras una inundación.
Durante los siguientes ocho años, el soldado japonés vivió en completa soledad, ocultándose de patrullas estadounidenses y cazadores locales. Aunque en 1952 encontró folletos que anunciaban el fin de la guerra, los descartó como propaganda enemiga. Él seguía creyendo que la Segunda Guerra Mundial se estaba desarrollando.
El regreso del soldado
El 24 de enero de 1972, Shichi Yokoi, ya con 57 años, fue descubierto por dos cazadores locales. Débil tras años de malnutrición, intentó resistirse, pero fue capturado. Un mes después fue repatriado a Japón, recibido por una multitud de 5.000 personas. “Es vergonzoso, pero he vuelto”, dijo el soldado.
Antes de morir a sus 82 años, trabajó como comentarista de televisión, defendiendo la vida austera, y apareció en un documental. El soldado también intentó, sin éxito, postularse al parlamento de japón en 1974 y se dedicó a la cerámica y la agricultura orgánica.






