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Audiencia en el nuevo Polo Judicial

Juicio contra Gil Pereg: el desafío y caída del hombre gato ante sus perseguidores

José Vega, director de Investigaciones, declaró y sostuvo que Gil Pereg siempre se comportó normal hasta que veía a la prensa y empezaba a maullar

"Se comportaba como una persona normal, que se creía más inteligente que nosotros y nos desafiaba", recordó este martes el director de Investigaciones, José Vega, quien entrevistó a Gil Pereg al menos nueve veces hasta que fue detenido, el 25 de enero de 2019.

El comisario retirado fue el tercer testigo que fue citado en el juicio por jurado popular a Gil Pereg, el israelí de 41 años, acusado de asesinar a su madre y a su tía cuando llegaron a Mendoza para visitarlo.

"No era torpe. Era alguien que tenía todo planificado", remarcó Vega.

Dijo: "Fue normal en todas las audiencias hasta el día que se lo detuvo que hizo un poco de circo, se rompió el pantalón que usaba, hubo que conseguirle otro. Era excéntrico y extravagante, pero nada más. A partir de que aparece la prensa fue cuando se comenzó a comportar así -y se lo llamó hombre gato-. Cuando veía las cámaras en los traslados empezaba a maullar y gritar".

"En los allanamientos en su casa estaba normal, reticente en algunas cosas, encima nuestro para ver qué hacíamos, reticente, pero normal", reforzó Vega ante las preguntas realizadas por el fiscal jefe de Homicidios, Fernando Guzzo.

La desaparición

En referencia a las víctimas Phyria Saroussy y Lily Pereg, sostuvo que el 14 de enero de 2019 ingresó al 911 la denuncia por el paradero de las mujeres, por parte de Gil Pereg.

Al interiorizarse que se trataba de dos personas oriundas de Israel, la primera posibilidad que contemplaron los investigadores fue la de un posible "atentado por su nacionalidad, lo que era un problema internacional grave".

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"La otra posibilidad era que hubiesen sido víctimas de un delito local", dijo Vega.

Destacó que les llamaba la atención la precisión y los detalles que tenía Gil Pereg al contar los últimos pasos de su madre y tía, pero que hasta ese momento él era víctima y testigo.

Las sospechas

Al hacer una inspección en su propiedad, en la calle Roca, frente al cementerio de Guaymallén, les llamó la atención qué hicieron las dos mujeres todo el día allí dentro, debido a que no tenía comodidades ni nada.

"Dijo que habían llegado en la mañana y que habían estado hasta las 21. Que en ese tiempo solo tomaron agua porque su tía estaba a dieta y la madre estaba enferma", indicó Vega.

Pero hubo otra situación que les llamó la atención. "No las acompañó a tomarse el colectivo o llamó un taxi o un remis, porque decía que la zona era peligrosa y no podía dejar la casa sola. Que el transporte público era más seguro, por lo que las acompañó hasta el portón, cruzaron la calle y se fueron", dijo.

El domingo 13 de enero fue hasta el departamento de calle España, en Ciudad, donde se alojaban las mujeres y no las encontró. Regresó en la mañana del lunes, habló con la encargada quien llamó al dueño.

"Mientras esperaba que llegara el dueño para entrar al departamento se fue a hacer trámites, es raro que alguien que está buscando a su madre vaya a hacer trámites. Fue a la agencia provincial de armas a decir que el día 8 de enero había denunciado el robo de tres armas de fuego, pero ya las había encontrado y las tenía él. Fue a Aerolíneas Argentinas con un tema que tenía con un pasaje a Roma. Fue a pagar la luz y también internet", detalló el director de investigaciones.

Con el avance de la causa, y ya con familiares de las mujeres aquí en Mendoza, encontraron cámaras de seguridad que captaron el momento en que entraron a la casa de Gil Pereg, pero nunca tomaron el momento en que salieron.

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"Cuando él se enteró de eso, nos dijo que solo les abrió el portón, salieron y cerró, sin haber visto si cruzaron o hacia dónde se fueron", por lo que Vega sostuvo que ponía "parches" antes esas situaciones que no quedaban claras.

En el segundo allanamiento en la casa de Gil Pereg es cuando detectaron una pequeña mancha de sangre en una bolsa de cemento vacía en la parte de atrás del extenso predio, donde había una construcción de ladrillos, con techo de chapa, sin puertas ni ventanas y sin terminar.

"Se hizo una prueba genética que fue determinante con esa mancha de sangre cotejada con el cepillo de dientes de una de las mujeres. A él se lo detuvo cuando llegaba a su casa, pero antes había estado en la terminal preguntando por pasajes para salir de la provincia", declaró el funcionario policial.

Dentro de esa construcción sin terminar, un perro de búsqueda del Escam marcó en una habitación que estaba llena de maderas amontonadas. Al correr eso notaron que la tierra estaba blanda.

Allí fue donde finalmente encontraron los cuerpos de Phyria y Lily, con la misma ropa que él había descripto en la denuncia y con sus documentos.

La investigación ya se había centrado en él, quien tenía movimientos bancarios y compraba sociedades, las cuales después las vendía a personas que estaban inhibidas a quienes les cobraba un sueldo por dejar su nombre en esa empresa.

También se detectó que tenía al menos 45 armas de fuego a su nombre, para las cuales debió pasar estudios psicofísicos, los cuales aprobó porque tenía todo el regla.

El defensor Maximiliano Legrand le preguntó si alguna vez había actuado como gato, a lo que Vega le dijo que no. Y el abogado repreguntó: "¿Alguna vez lo vio actuar como persona?", lo que dejó atónito a Vega, quien respondió: "Para mi siempre fue una persona".