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La pedirá la familia de Andrés (20) para tratar de demostrar que el muchacho no se suicidó y que fue asesinado. La Justicia federal aún espera las conclusiones de los peritajes solicitados para poder avanzar en la investi
Harán otra autopsia al joven que murió en puesto de Gendarmería
Uno de los hechos policiales más intrincados ocurridos en la provincia, en el que un joven de 20 años, Carlos Andrés García Campoy, perdió la vida en condiciones poco claras, sigue siendo investigado por el Juzgado Federal Nº1 a más un año de ocurrido. Por lo tanto la causa no está cerrada. Dos gendarmes fueron imputados de homicidio agravado pero luego el juez federal Walter Bento les dictó la falta de mérito, al no tener suficientes elementos para procesarlos pero tampoco para dejarlos desligados de la causa. La familia del joven estudiante de Higiene Industrial no ceja en su intento de probar que el chico no se suicidó sino que lo mataron. Por ello pedirán la exhumación del cadáver para una nueva autopsia.
Por su parte la Justicia federal sigue produciendo pruebas para determinar cómo se produjo la muerte de Andrés, en la zona de la Destilería de Luján. Y si bien faltan todavía los resultados de algunos peritajes, no estarían lejos de resolver lo que todavía es un misterio. Si hubieran hallado restos de pólvora en las manos del estudiante de la Universidad del Aconcagua, o en las de uno de los dos gendarmes investigados por su muerte, la Justicia ya podría saber si el joven –también residió en San Luis– se suicidó, como dijeron los suboficiales de Gendarmería, o lo mataron ellos. Pero la pericia para hallar rastros de la deflagración producida por el disparo dio negativa tanto en las manos de la víctima como en las de ambos gendarmes.Esto privó al juez Walter Bento de un indicio importante para saber cómo ocurrió la muerte de Andrés, el viernes 13 de junio de 2014, durante un operativo de control de Gendarmería en la Ruta Nacional 7, en Luján de Cuyo.Una explicación posible para el hecho de que ni a Andrés ni a los gendarmes les hayan encontrado rastros de pólvora es que, como han explicado expertos en balística, esa prueba no siempre da un resultado certero. Eso depende, en algunos casos, del calibre del arma empleada. En este caso era una 22.La familia de Andrés rechazó siempre la hipótesis del suicidio y sospechó que los efectivos implicados se lavaron las manos antes del peritaje. Para revisar los puntos débiles de la única versión que hay, la de los gendarmes, el juez Bento dispuso una reconstrucción del hecho. Ambos gendarmes durante las indagatorias en el juzgado reiteraron que esa tarde pararon el auto Peugeot 504 de García Campoy en un control de rutina. El automovilista se había estacionado en la banquina.Uno de los efectivos aseguró que lo notó nervioso pero no se negó al control. Luego de examinar sus documentos le pidieron que abriera el baúl, donde sólo encontraron unos bidones vacíos, aparte del tubo de GNC –Andrés había renovado la oblea del equipo de gas unas horas antes, lo cual para su familia es otro indicativo de que no era un potencial suicida–.Cuando le pidieron que abriera la puerta trasera lo hizo, pero sacó una carabina, declararon. Supuestamente el estudiante los insultó y habría disparado. Los imputados dijeron que corrieron como 200 metros para ponerse a salvo y en eso escucharon otro tiro. Cuando volvieron, vieron que el joven había muerto de un disparo.Pasó más de un año El desgraciado hecho, que provocó una gran conmoción social, sucedió en horas de la tarde del 13 de junio en la ruta 7 en la zona de la Destilería de Luján de Cuyo.Eran aproximadamente las 16.30 cuando en el control de Gendarmería se detuvo un Peugeot 504 al mando de García Campoy.La ruta estaba complicada porque se había liberado el túnel Cristo Redentor y había mucho movimiento, especialmente de camiones.En ese momento les tocaba subir a los que estaban en el playón y los gendarmes les abrían el paso.También circulaban vehículos de menor porte, entre ellos el Peugeot del joven.Según se conoció en esa oportunidad, el pandemónium se desató poco después.Las primeras informaciones dieron cuenta de que García Campoy habría disparado su carabina 22, muy antigua (de 1890) que llevaba aparentemente para vender no se sabe a quién. También se conoció que el joven habría tenido un entredicho con los gendarmes y esto derivó en la tragedia que es de público conocimiento.Lo primero que se dijo en ese entonces fue que el chico se había suicidado. Luego comenzaron a tejerse las más variadas hipótesis a partir de las versiones que dio la familia, que desmintió que el estudiante hubiera tenido intenciones de matarse.Las responsabilidades se reparten. El primer fiscal que intervino en la causa, Jorge Calle, de Luján-Maipú, decidió imputar a dos gendarmes y luego apartarse de la causa y derivarla a la Justicia federal porque entendió que el caso no era de su competencia.Ya en este fuero, por orden del juez federal Walter Bento no solamente se peritaron las armas que fueron secuestradas sino que se recibieron varias testimoniales, entre ellas la del personal del Servicio Penitenciario que circunstancialmente pasaba por el lugar y a pedido de Gendarmería se detuvo para socorrer al joven. También prestaron declararon varios de sus familiares. En cuanto a los peritajes, mientras la causa estuvo en el fuero provincial, a cargo del fiscal Jorge Calle –la caratuló como homicidio–se habrían demorado más de la cuenta.




