Pasó un año ya de Fernando Báez Sosa fue asesinado en Villa Gesell. El crimen, por el que están acusados diez rugbiers, conmocionó a toda la sociedad argentina. 365 días después, los imputados esperan el juicio en medio de un pacto de silencio hecho a través de lazos familiares y estrategias judiciales.

Ocho de los acusados están encerrados y dos en libertad pero ninguno se quiebra. Con el paso del tiempo se acostumbraron a estar detrás de las rejas. Allí, cuidados por las autoridades penitenciarias, se dedican a leer y salen al patio cuando el resto de los presos están en sus celdas. Temen que los otros internos los agredan.

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Nadie habla con los medios, ni con gente fuera de su entorno. Incluso los diez tienen el mismo abogado. El silencio es uno solo. Tampoco nadie publica en las redes sociales.

"De esto no se cuenta nada a nadie", escribió en WhatsApp uno de los acusados. Había pasado una hora de la golpiza a Fernando. Habían visto que el desenlace podía ser el peor para el joven e iniciaron su pacto de silencio.

Los diez rugbiers se conocen desde niños. Jugaban en el mismo club y sus familias se conocen.

Alejo Milanesi, Juan Pedro Guarino, Blas Cinalli, Enzo Comelli y los hermanos Ciro y Luciano Pertossi jugaron al rugby juntos desde los 8 años.

Máximo Thomsen y Matías Beniceli fueron compañeros en la primaria y la secundaria.

Pero además sus familias se cruzan. Entre ellos hay primos y un árbol genealógico que los trasciende. El pacto de silencio es también un pacto de familia.

A un año del crimen, ninguno de ellos se rompió y habló más de lo que han querido decir. Sus familaires también se llamaron a silencio. Mientras, la familia y amigos de Fernando Báez Sosa sigue esperando justicia.