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Comerciantes sospechan que el hurto en sus locales es a pedido, muchas veces en equipo y con el solo afán de lucro, para alimentar a un mercado que se mueve en la ilegalidad.

El robo hormiga en librerías podría desplomar al rubro

Javier Cusimanocusimano.javier@diariouno.net.ar

Hay delincuentes de todo tipo y durante mucho tiempo se consideró a los ladrones de libros miembros de un rubro históricamente asociado a cierto mito romántico, a través del cual, en nombre del amor a la literatura o de la rebeldía social, se consideraba la astucia de llevarse una novela sin pagar como un acto revestido de aventura y valentía.

Actualmente, lejos de aquellos tiempos en que los rateros eran ilustrados, se sospecha que el robo es a pedido, muchas veces en equipo y con el solo afán de lucro, para alimentar un mercado ilegal que se parece al crimen organizado. Situación que afecta cotidianamente a la mayoría de los libreros del microcentro, que ya no saben cómo hacer para eliminar sus pérdidas cotidianas. En números, el robo hormiga de libros implicó en 2013 para una de las grandes cadenas de librerías establecida en Mendoza un perjuicio aproximado de $350 mil distribuidos en sus tres sucursales. El resto de las librerías consultadas admite importantes daños económicos pero los montos no han sido sistemáticamente calculados. Los afectados Osvaldo Osorio (61), uno de los dueños de Le Club, reniega de los permanentes faltantes de artículos en los cinco locales que administra. Robos que pudo detectar en más de una oportunidad a través de sus cámaras de seguridad. “Arriesgando una opinión creo que es obvio que los que roban no lo hacen para consumo personal. Acá hay una cadena de lucro que queda demostrada en la repetición del acto, en los objetivos elegidos y la cantidad de personas de distintos géneros involucradas”, señaló el comerciante. “El hurto y la piratería parecen temas menores frente a un asesinato pero al descuidarlos se está olvidando algo importante; es como un gusano que está corrompiendo a un organismo vivo: no se lo ve hasta que el organismo se desploma”, explicó Osorio tratando de dar a entender que de no encontrarse a corto plazo una solución o estrategia que ponga freno a este escenario muchas librerías podrían dejar de ser rentables y cerrar sus puertas. María del Pilar García Santos, dueña de la librería inaugurada en 1940 por su abuelo, también compartió su experiencia y con un testimonio similar al de todos los libreros entrevistados contó que habitualmente suelen ser testigos de robos. “Cada tanto pescamos a alguno y llamamos a la policía para que vengan a buscarlo”, señaló con tono amargo y cierta indignación. La librera explicó que en reiteradas ocasiones se han reunido con otros comerciantes del rubro para encontrar soluciones y hasta se han implementado propuestas que sirvieron para combatir el mercado del libro pirata. No obstante reconoce que se trata de una problemática difícil de frenar, porque una vez reconocidos los sospechosos éstos se renuevan por nuevos miembros. “Es muy triste y lamentable porque indudablemente hay gente que se dedica a robar y lo peor de todo es que no te das cuenta de quiénes son. La última vez que desenmascaramos a un delincuente fue a través de las cámaras de seguridad. Se habían llevado a cara descubierta dos colecciones de libros por un valor de mil pesos”, dijo Iván Miszei desde su local en la calle san Juan. El comerciante describió que los faltantes de libros son moneda corriente y que semanas atrás encontraron a un hombre que estaba llevándose un bolso lleno de pertenencias de la librería. “Hay muchos metidos en esto, hay quienes se mueven individualmente y están los que se manejan en grupo. Cuando se dan cuenta de que los ubicás no vuelven pero mandan a otro”, dijo. Según la opinión de Iván, que revende libros usados, es fácil identificar un texto robado cuando se ofrece nuevo. “No hay dudas de que si alguien cae con una novedad en perfecto estado es probable que sea robada. Nosotros para combatir este mercado paralelo usamos un registro con los datos del oferente”, especifica sobre el método que aplica para frenar la ilegalidad.

La metodología que se aplica para alcanzar el botínSegún el relato de los comerciantes, los ladrones de libros suelen realizar siempre la misma serie de pasos. Primero se establece una selección del texto deseado con más de una visita. Se trata de un trabajo de preparación del terreno, que no es impulsivo y en el que hay una planificación previa para identificar que el libro buscado esté en el local. Más tarde se aprovecha el momento de distracción inevitable en una gestión de venta, cuando los empleados dedican su tiempo a atender a un cliente. Si el local está vacío puede que el robo se realice utilizando uno o varios cómplices para lograr la distracción del vendedor. En ese contexto se realiza el hurto y se guarda el libro entre la ropa con velocidad.

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Esta imagen fue tomada por una de las cámaras de Le Club el viernes a la mañana.
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