ver más

“Elementos que me comprometen: sangre, zapatos, teléfono, cuchillos, chips", es parte de lo que dicen los escritos de Joel González, de 19 años.

El peritaje psiquiátrico será clave para el asesino de la Sexta Sección

“Elementos que me comprometen: sangre, zapatos, teléfono, cuchillos, chips. A eliminar. Hombre anciano, canoso, que riega el jardín a las 4 de la mañana; a eliminar”. Las anotaciones continúan: “elementos a tener en  cuenta” y así, prolijamente, el joven doble homicida de la Sexta Sección apuntó en sus papeles todo lo concerniente a los sangrientos asesinatos de Hugo Montecino y su madre Teresa Montecino el 11 de mayo pasado.

Esos papeles estaban guardados en un diminuto escritorio que él usaba, (también fue pensado como despensa) y que está ubicado justo al lado de la cocina del departamento de avenida Las Heras, donde Joel Aaron González (19) vivía junto con su madre y su hermana.
Allí, pegado a la cocina, espacio de tránsito y actividad diaria por excelencia de cualquier casa, a una puerta de donde se hacía de comer y se desayunaba, la policía halló el dedo disecado de la víctima en un termo, su  billetera, sus documentos y su anillo, además de unos chips telefónicos quemados, un toallón con manchas de sangre cortado en varios paños, del tamaño de una pequeña toalla de mano, y la lista de teléfonos de los  contactos sexuales en un folio junto con las notas. Allí, en la misma casa donde aparentaba vivir una vida absolutamente normal, tenía guardado casi todo lo que lo incriminaba, sin que su familia, al parecer, sospechara nada de lo que hacía. Este perfil meticuloso y premeditado es el que le quita el sueño a los detectives, intrigados por su frialdad y, a la vez, porque a veces, tienen la impresión de que Joel Aaron González no es totalmente consciente de lo que le  espera. Por eso, los peritajes psiquiátricos serán claves en esta investigación para determinar ante qué se está: si ante una personalidad psicópata o con acentuados rasgos en ese sentido o, por el contrario, si padece alguna  patología psiquiátrica que lo hace inimputable. Este misterio es el que resta develar en la causa. Los investigadores aún no terminan de entender por qué se quedó con las pruebas. Tal como lo había escrito, de algunas cosas se desligó, por ejemplo del celular de Hugo Montecino y los cuchillos con los que lo habría  matado a él y a su anciana madre, que se los regaló a un compañero y amigo del colegio. El dedo, en cambio, lo conservó y en tan buen estado que los hombres de policía científica apenas lo humedecieron afloró la huella  dactilarintacta que les permitió confirmar que era de Montecino. Con abundante prueba en contra del joven, para concluir la investigación, a la fiscalía le resta solicitar los peritajes psiquiátricos, que son algo lentos; las pruebas caligráficas para acreditar que esos apuntes son de su puño y letra, y la prueba de ADN sobre las manchas de sangre de los restos de toalla.

MÁS LEÍDAS