Policiales Viernes, 6 de abril de 2018

El marido de Concepción Arregui afirmó que toma antipsicóticos

Fue en la audiencia de prisión preventiva en la que le negaron la detención fuera de prisión, que pretendía por tener 70 años.

Por ahora la edad no lo salvó de la cárcel. Roberto Audano, acusado confeso de haber asesinado el 5 de febrero pasado a su esposa, la ciudadana chilena Concepción Conchi Arregui (59), no logró obtener ayer el beneficio de la prisión domiciliaria por haber cumplido la edad de 70 años y por lo tanto continuará tras las rejas en la Penitenciaría.

En la audiencia, la jueza María Cristina Pietrasanta le dictó la prisión preventiva como lo había pedido la fiscalía y rechazó que pudiera cumplir el encierro a domicilio, como lo había solicitado la abogada defensora de Audano, María Arlotta.

La letrada se había basado en el artículo 10 del Código Penal que dice que el juez podrá, a su criterio, otorgar la prisión domiciliaria "cuando el interno sea mayor de 70 años", entre otras opciones previstas.

El término "podrá" habilita al juez (en este caso a Pietrasanta) a aceptar o negar el pedido, claro está fundamentando su respuesta.

Si el código hubiera dicho "deberá" entonces la jueza habría estado obligada a otorgarla, pero no es el caso.

Pietrasanta fundó en sus argumentos la peligrosa y evasiva conducta de Audano, que planificó el crimen de su esposa y además hizo una falsa denuncia de desaparición a la Justicia para asegurar su impunidad.

Con estos fundamentos, la magistrada consideró que Audano no podía acceder al encierro a domicilio a pesar de tener la edad habilitante.

Además amplió la imputación contra el acusado, que de todas formas no cambia la pena en caso de condena.

Agregó a la imputación de homicidio agravado por el vínculo (en este caso marital) el agravante de la alevosía, que no tiene nada que ver con la violencia del hecho.

La alevosía se aplica cuando la víctima ha sido asesinada estando en franco estado de indefensión. Los ejemplos típicos son cuando los matan estando atados, dormidos o habiendo sido alcoholizados de modo intencional para atacarlos.

En el caso de Arregui no se darían en principio estos supuestos. Al parecer se habría aplicado la alevosía porque Audano le disparó a la cabeza dos veces por la espalda.

Aunque esto de la idea de que la mujer estaba indefensa sin advertir lo que se venía los tribunales mendocinos, históricamente, no han condenado con la alevosía los crímenes realizados por la espalda.

Con la prisión preventiva ya dictada, a la defensa le queda pedir en apelación a los tribunales de cámara que revisen la decisión de primera instancia con la meta de revertirla. Pero antes, la defensa está a la espera de dos peritajes muy importantes: el de balística, que informará si los balas halladas en la cabeza de Arregui corresponden al arma utilizada por Audano, y las psiquiátricas que tienen que informar cuál es el perfil del acusado.

Si estas pericias no le favorecen, la defensa tomaría otra decisión rápida: solicitar un juicio abreviado, en el cual el acusado ratifica que admite su culpabilidad y se fija la condena evitando llegar a juicio oral y público.

Audano no obtendría ningún beneficio por la pena, que de todas formas sería de prisión perpetua, pero tendría su situación judicial resuelta ingresando al régimen de los condenados y siendo enviado al penal de Campo Cacheuta que es mejor y más nuevo que el de Boulogne Sur Mer.

Toma antipsicóticos

Una novedad que resonó ayer en la audiencia de prisión preventiva fue la declaración del propio acusado, que interrogado por su abogada defensora aseguró que está bajo tratamiento psiquiátrico desde 2008 y que entre otras medicaciones para la salud toma antipsicóticos. Incluso nombró el médico que lo atiende.

El dato no es menor porque si Audano tiene prescripta medicación antipsicótica es porque sufre psicosis, una enfermedad que produce alteraciones en la percepción de la realidad de los pacientes que a veces los lleva a cometer acciones criminales y sangrientas e incluso matar.

La pregunta del millón es si Audano era presa o no de un estado psicótico cuando mató a su esposa. De haber sido así, esto tendría que ser detectado e informado por los propios peritos médicos en las entrevistas y test psicológicos a los que fue sometido el acusado y cuyas conclusiones están pendientes.

En ese caso, Audano sería inimputable, es decir no podría ser enjuiciado ni condenado porque no controlaba ni comprendía la gravedad de sus actos.

Complicado por la confesión

La especulación de un accionar patológico está, sin embargo, limitada por su propia autoincriminación.

El asesino de Concepción Arregui confesó en la fiscalía que él la mató. Y fue más allá. Explicó detalladamente cómo y dónde lo hizo, de qué modo trasladó el cuerpo y cómo se deshizo del cadáver que tiró al dique Potrerillos, acudiendo a una complicada logística para que se fuera al fondo del embalse.

Primero la mató a sangre fría sin reproches ni discusión de por medio y cuando ella menos lo esperaba. Luego, con Arregui muerta en el auto, consiguió dos cámaras de neumáticos que utilizó para flotar en las aguas del dique. Guardó el cuerpo dentro de una bolsa de dormir, lo ató a un recipiente cargado con piedras, flotó con el cadáver valiéndose de las cámaras infladas. Pinchó una, enviando a Arregui al fondo, y usó la otra para volver a la costa del dique. Después denunció su desaparición.

Este accionar relatado por él y confirmado con las pruebas alejaría una conducta bajo un estado psicótico.

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