En una madrugada de 1963, el silencio de la campiña inglesa se rompió con el estruendo de un tren postal detenido en seco. No era un accidente, sino el inicio de uno de los robos más audaces y, a su manera, cómicos, de la historia criminal: el Gran Robo del Tren Postal de Glasgow.
El juego de mesa Monopoly que develó el mayor robo de un tren en la historia de Inglaterra
Los ladrones fueron audaces y simples para cometer el millonario robo, pero también muy torpes para dejar evidencias
Un grupo de ladrones, liderados por la mente maestra de Bruce Reynolds y el carisma de Ronnie Biggs, había ejecutado un plan meticulosamente elaborado para interceptar el tren y apoderarse de su valioso cargamento.
El botín, una suma astronómica para la época, ascendía a 2.6 millones de libras esterlinas. Pero más allá de la magnitud del robo, lo que lo hizo memorable fueron los detalles insólitos que salieron a la luz durante la investigación.
Los ladrones, en su afán por esconderse y repartir el botín, se refugiaron en una granja aislada de Inglaterra. Allí, en medio de la euforia y la paranoia, dejaron una pista que se convertiría en un símbolo de su torpeza: un tablero de Monopoly.
La torpeza tras el robo
La idea del robo surgió de Bruce Reynolds, un ladrón experimentado, quien se enteró de la existencia del tren postal que transportaba grandes sumas de dinero desde Glasgow a Londres. Reclutó a un equipo de expertos en diversas áreas, incluyendo ladrones, ingenieros y expertos en comunicaciones.
El plan del robo consistía en detener el tren en un punto remoto, transferir el dinero a sus vehículos y desaparecer antes de que la policía pudiera reaccionar. Y así fue que el 8 de agosto de 1963, el equipo se desplegó en el puente Bridego, un lugar aislado donde el tren debía pasar.
Utilizaron una técnica ingeniosa para detener el tren: manipularon las señales ferroviarias, haciéndole creer al conductor que la vía estaba bloqueada. Una vez detenido, abordaron el vagón postal, donde se encontraba el dinero. Utilizaron fuerza bruta para abrir las bolsas de dinero, ya que no pudieron encontrar al empleado que poseía las llaves. En cuestión de minutos, transfirieron el botín a sus vehículos y huyeron del lugar.
El equipo se refugió en Leatherslade Farm, una granja aislada de Inglaterra, donde se dividieron el botín del robo. Durante su estancia en la granja, cometieron errores que resultarían cruciales para la investigación policial, como dejar huellas dactilares en un juego de Monopoly.
Detención y condenas por el robo
Las huellas dactilares impresas en las fichas del juego se convirtieron en una prueba irrefutable para la policía inglesa. La ironía de que un juego de mesa, símbolo del capitalismo y la competencia, fuera la clave para resolver un robo de tal magnitud, no pasó desapercibida.
La persecución se convirtió en un juego del gato y el ratón, con algunos de los ladrones demostrando una habilidad sorprendente para evadir a la justicia. Ronnie Biggs, en particular, se convirtió en una figura casi legendaria, escapando de prisión y viviendo una vida de fugitivo que lo llevó a recorrer el mundo.
La mayoría de los ladrones capturados fueron condenados a 30 años de prisión. Bruce Reynolds, considerado el cerebro del robo, también recibió una condena de 30 años. Ronnie Biggs, inicialmente condenado, logró escapar de prisión y vivió como fugitivo durante décadas. Regresó a Inglaterra en 2001 y finalmente cumplió parte de su condena.







