Decía que era un monje shaolín. El único de ese tipo en el mundo occidental. Fundó un templo. Convocó a cientos de discípulos en España. Pero estaba en el otro extremo de la paz y tranquilidad que transmite esta disciplina oriental: en realidad era un perverso criminal.
El falso monje shaolín que se dedicaba al crimen de prostitutas en su gimnasio de España
Se había hecho famoso por pregonar esa disciplina oriental en el mundo occidental, pero era todo mentira y en realidad se trata de un criminal
Juan Carlos Aguilar nació en 1965 en Vizcaya, España, en el seno de una familia humilde de cinco hijos. El fanatismo de su hermano mayor por las artes marciales le hizo seguir su camino en su etapa como niño.
Ya de grandes, juntos fundaron un gimnasio. Pero la tragedia rondaba a la familia Aguilar: el primogénito murió en un accidente con un montacargas. Su hermano menor decidió hacer un viaje introspectivo a China que terminaría desatando al monstruo interior que tenía.
El monje criminal
Cuando regresó a su España natal, Juan Carlos Aguilar comenzó a pregonar que se había convertido en monje shaolín y era el único discípulo de esa disciplina en el mundo occidental. Nadie notó que era una mentira.
Este fue su salto a la fama, teniendo apariciones en televisión y refundando su gimnasio a mediados de 2003 como el “Monasterio Budista Océano de la Tranquilidad”. Pero además de entrenar en ese lugar, era el escenario elegido para tener encuentros casuales con prostitutas extranjeras que luego terminaba asesinando.
En mayo de 2013 cometió el crimen de la colombiana Yenny Sofía Rebollo (40). El falso monje la maniató, la fotografió en poses sexualmente explícitas y, finalmente, la asesinó y descuartizó.
Los restos de Yenny fueron distribuidos en varios escondites tras el crimen. Parte del cuerpo fue quemado en las duchas del gimnasio y ocultado en un falso techo y otra porción fue arrojada a un río de España.
Ocho días después, el falso monje atacó de nuevo. Su segunda víctima fue Maureen Ada Otuya (29), una nigeriana a quien golpeó, asfixió y maltrató brutalmente. La víctima del crimen logró zafarse y pedir ayuda, pero terminó muriendo días después.
Sin embargo, sus gritos llevaron a una vecina llamara a la Policía de España y el falso monje sea detenido en pleno crimen.
La defensa del monje
Durante el juicio en su contra, Juan Carlos Aguilar ensayó una insólita defensa para justificar ambos crímenes. Aseguró que tenía un tumor en la cabeza que le había hecho perder el control de sus conductas.
Nada más lejos que eso. Los estudios médicos develaron que se trata de un pequeño quiste que no afectaba en absoluto su capacidad mental. Terminó siendo condenado a 38 años de prisión por ambos crímenes.







