Macabro caso

El crimen de una bibliotecaria, las cartas anónimas y las pruebas claras que no llegaron a nada

Tenía 27 años. Vivía en una comarca de Barcelona. La drogaron, secuestraron, quemaron y arrojaron de un cuarto piso. La danza de sospechosos que terminó impune

"Helena, sorpresa". Así rezaba la primera carta anónima que recibió Helena Jubany en la puerta de su departamento en Barcelona. La bibliotecaria de 27 años nunca se imaginó que dos meses y medio después iba a ser drogada, quemada y arrojada desde un cuarto piso de un edificio. La historia de un crimen que mantuvo en vilo a toda España, que tuvo una danza de sospechosos vinculados al mundo de un oscuro juego de rol, que se encontraron pruebas que eran claras sobre el suceso, pero que casi 25 años después no tiene ninguna condena.

En la vida de Helena Jubany se respiraba cultura. Con sus jóvenes 27 años, su vida laboral y académica había rozado el periodismo y la escritura. Trabajó en un diario catalán, en un pequeño canal de televisión y en un librería de una comarca de las menos conocidas de Barcelona.

Iniciaba el año 2000 y la chica decidió irse a vivir sola. Un seductor puesto como bibliotecaria en Sabadell, al noreste de Barcelona, la convenció de asentarse en esa localidad y alquiló un departamento. Su vida transcurrió con total normalidad, cuando se empezaron a prender las primeras alarmas en septiembre de 2001.

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Helena Jubany, la víctima del crimen más misterioso de Barcelona.

Helena Jubany, la víctima del crimen más misterioso de Barcelona.

Cartas misteriosas

Era 17 de septiembre de ese año. Helena Jubany estaba por salir de su casa para su trabajo, como casi todos los días. Pero en la puerta se encontró con una sorpresa: una botella de horchata, una bebida azucarada típica de España, además de unos pastelitos. Pero más importante: una intrigante carta.

El escrito, en catalán y a puño y letra, rezaba lo siguiente: "Helena, sorpresa. Pasábamos por aquí y hemos dicho: A ver Helena que se explica. Somos ???? (Te llamaremos) A comérselo todo”. La joven bibliotecaria no se asustó, pero tuvo ciertas precauciones. Pese a que la horchata era su bebida preferida, eligió no tomar ni beber nada de la ofrenda.

Su vida siguió con normalidad hasta veinte días después, que se volvió a encontrar con la misma situación. En este caso, un jugo de fruta acompañado por otra nota. En este caso, los escritores anónimos le pedían que se tome la situación con humor y brindaban algunas pistas: habían coincidido con Helena Jubany en una excursión de montaña y aseguraban que revelarían su identidad en una próxima tercera entrega.

En esta ocasión, un poco más corajuda pero siempre cautelosa, la joven bibliotecaria decidió probar el jugo pero no lo terminó. Decidió hacerle una prueba de laboratorio. El resultado le puso la piel de gallina. El líquido tenía benzodiacepina, una de las drogas sedantes más fuertes.

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Una de las cartas que recibió la víctima del crimen más misterioso de Barcelona.

Una de las cartas que recibió la víctima del crimen más misterioso de Barcelona.

El crimen que conmocionó Barcelona

El 30 de noviembre de 2001, en horas del mediodía, fue la última vez que se la vio con vida. Salió de su departamento en dirección a su trabajo. Nunca llegó a la biblioteca. Tampoco llegó hasta la casa de su padre el día siguiente, sábado, donde habían pactado tener una almuerzo familiar. Lo mismo con el domingo 2, donde se iba a juntar con una amiga.

El lunes 3 de diciembre, su padre hizo la denuncia por el paradero, sin saber que un día antes se había encontrado un cadáver femenino que era el de su hija. El cuerpo de Helena Jubany fue encontrado tras ser arrojado desde la azotea de un edificio cercano, a cuatro pisos de altura.

No solamente estaba desfigurado por el impacto de la caída, sino que también presentaba quemaduras. Los estudios de laboratorio por el crimen arrojaron que había sido brutalmente drogada. El estupefaciente: otra vez benzodiacepina.

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Helena Jubany, la víctima del crimen más misterioso de Barcelona.

Helena Jubany, la víctima del crimen más misterioso de Barcelona.

Las pruebas contundentes que no llevaron a nada

Una maestra, Montserrat Cartea, fue la principal sospechosa del crimen. Conocía a Helena Jubany tras haber compartido excursiones culturales y vivía en el edificio donde fue encontrado el cadáver. Su pareja, el abogado Santi Laiglesia, y otra mujer, Ana Echaguivel Rad, también entraron en el círculo de sospechosos.

Dos meses después, la primera de ellas fue detenida. Nunca pudo explicar dónde se encontraba la noche del crimen. En su departamento se encontraron pruebas claves: un psicofármaco que tenía benzodiacepina y una caja de fósforos similares a los que se encontraron en la terraza de donde la víctima del crimen fue arrojada.

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Helena Jubany, la víctima del crimen más misterioso de Barcelona.

Helena Jubany, la víctima del crimen más misterioso de Barcelona.

La maestra siempre clamó por su inocencia. Pero meses después, se quitó la vida tras ahorcarse en el interior de su celda en una cárcel de Barcelona y nunca llegó a ser juzgada. Su pareja abogado y su vecina, los otros dos sospechosos, estuvieron vinculados al expediente pero nunca con la contundencia suficientes para sentarse en el banquillo de un juicio. En octubre del 2005, la causa se archivó.

La teoría sobre el móvil del hecho de sangre siempre giró en torno a un macabro crimen de rol, es decir, un juego donde los asesinos empiezan a seguir pistas para identificar a una persona y luego quitarle la vida. ¿Fue así? ¿Quiénes fueron los autores? Probablemente, y a esta altura de los hechos, nunca se sepa.

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