Por Catherina Gibilarocgibilaro@diariouno.net.ar
El caso parece estar empantanado porque la sumatoria de las pericias no alcanza para echar luz sobre lo que sucedió en la ruta 7 en la zona de la Destilería de Luján de Cuyo.
El caso de la muerte del estudiante está cada vez más intrincado

La ausencia de restos de pólvora en las manos de los gendarmes y del joven Andrés García Campoy. que terminó muerto con un tiro en el parietal derecho el 13 de junio pasado, deja más interrogantes que certezas incluso para los propios investigadores. Además porque queda descartado que una bala de 9 milímetros –son las que usan las fuerzas de seguridad– haya sido la que le ocasionó la muerte.
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El caso parece estar empantanado porque la sumatoria de las pericias no alcanza para echar luz sobre lo que sucedió esa tarde en la ruta 7 en la zona de la Destilería de Luján de Cuyo.
Allí cerca de las 15.30 se paró un Peugeot 504 al mando de García Campoy porque había un control de Gendarmería. La ruta estaba complicada porque se había liberado el túnel Cristo Redentor y había mucho movimiento especialmente de camiones. En ese momento les tocaba subir a los que estaban en el playón y los gendarmes les abrían el paso.
También circulaban vehículos de menor porte, entre ellos el Peugeot del joven. Según se conoció, el pandemónium de desató poco después y las circunstancias que rodean el caso siguen estando en la nebulosa. Tal vez a esto contribuye el silencio de los investigadores.
Las primeras informaciones daban cuenta de que García Campoy habría disparado su carabina 22, muy antigua, que llevaba aparentemente para vender, no se sabe a quién. Habría existido un entredicho con los gendarmes que derivó en la tragedia que es de público conocimiento.
Lo primero que se dijo fue que el chico se había suicidado. Luego comenzaron a tejerse las más variadas hipótesis a partir de las versiones que dio la familia, que desmintió que el estudiante de Higiene e Industria hubiera tenido intenciones de matarse.
Las responsabilidades se reparten: por un lado, el primer fiscal que intervino en la causa, Jorge Calle,de Luján-Maipú, decidió imputar a dos gendarmes y luego apartarse de la causa y derivarla a la Justicia federal porque entendió que tenía competencia.
Ya en este fuero y por orden del juez federal Walter Bento, no solamente se peritaron las armas que fueron secuestradas sino que se recibieron varias testimoniales, entre ellas la del personal del Servicio Penitenciario que circunstancialmente pasaba por el lugar y a pedido de Gendarmería se detuvo para socorrer al joven.
En cuanto a las pericias mientras la causa estuvo en el fuero provincial, se habrían demorado más de la cuenta.
El barrido para establecer si una persona ha disparado se pudo haber hecho de inmediato ya sea a los gendarmes como al joven mientras estaba aún en la morgue.
Cabe un planteo para explicar la mecánica del suceso, que Gendarmería haya detectado la carabina 22 en el asiento posterior del Peugeot y cuando pidió los papeles de portación de la misma o bien procedió al secuestro del arma se haya desatado la furia del estudiante.
Esto habría provocado un forcejeo para evitar que se llevaran el arma, y allí partió el tiro fatal.