Se encuentra prófugo

“¿Cuándo se da cuenta una nena que fue abusada?”. El aberrante caso del penitenciario Iván Coito

Por UNO

Una escalofriante trama de abusos y amenazas salió a la luz gracias a la pregunta de una menor a su madre. Gisele había terminado de cenar junto a su familia y decidió sentarse en el sillón de su casa a disfrutar de los últimos minutos del día. Su marido, Eduardo Iván Coito, de 38 años, suboficial del Servicio Penitenciario Provincial de Misiones, ya estaba en la cama junto al bebé de un año que tuvieron en común, mientras que otra hija de ella, de 11 años, de una relación anterior, jugaba en su habitación.

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A pesar de que ya eran cerca de las 23, el intenso calor y la humedad se hacían sentir entre los habitantes de la  ciudad de Oberá, Misiones. Antes de irse a dormir, Gisele vio cómo su hija se acercó y se sentó a su lado. Hablando en voz baja para que nadie la escuche, le pidió que hablaran. Cuando la madre se dispuso a escucharla, la menor la miró a los ojos y le preguntó: “Mamá, ¿cuándo se da cuenta una nena que fue abusada?"

Así, la menor habló. “Fue papá”, le dijo a su madre. Señalaba no a su padre biológico, sino a Iván Coito. Actualmente, el suboficial penitenciario se encuentra prófugo de la Justicia por esta acusación, el presunto delito de abuso de una menor agravado por el vínculo. Pero no es la primera vez que Coito es señalado por una calificación como esta.

Hace 8 años, fue sobreseído por la Justicia luego de ser acusado de abusar de tres nenas que declararon en su contra, pero que nadie les creyó. 

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Tras el relato de su hija, Gisele echó a su pareja de su casa y, con la beba de 1 año que había tenido con el penitenciario en brazos, fue a la casa de su mamá. Allí estaba su otra hija de 9 años y para ese entonces, Gisele temía lo peor. 

“Fue horrible escuchar a mi hija contar eso. Me dijo que la había desnudado y que le había pasado la lengua por atrás y otras cosas que no me sale ni repetirlas. La nena lloraba mucho. Apenas escuché fui a despertarlo y logré echarlo aunque me costó porque no se quería ir. Incluso él quería hablar con la nena pero yo no lo dejé. Estoy destrozada”, contó Gisele al relatar como pudo, lo sucedido.

En todo el trayecto rezó para que no haya sufrido lo mismo que su hermana. La charla con ella fue aún peor de lo que imaginaba. “A mí también me hacía lo mismo, mamá. No te dije nada porque me dijo que si yo hablaba le iba a hacer lo mismo al bebé”, le dijo la menor en un ataque de nervios, de acuerdo a su afirmación.

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Con el testimonio de sus dos hijas, Gisele fue a la Comisaría de la Mujer de Oberá para hacer la denuncia y debieron pasar varios días para que una profesional aseverara que el relato de las nenas era creíble.

Fue entonces cuando el magistrado Horacio Alarco, a cargo del Juzgado de Instrucción N° 2 de Oberá ordenó la inmediata detención de Iván Coito. Sin embargo, el acusado se dio a la fuga antes de que la Policía fuera a buscarlo.

Esta no es la primera vez que Coito se enfrenta a la Justicia. En julio del 2010, según medios de Misiones, una pareja se presentó en una comisaría para denunciar que su vecino, el penitenciario, había atacado de sus dos hijas de 9 y 11 años. A las pocas horas apareció otra mujer, también del barrio, para denunciar la misma situación con su hija menor.

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En ese entonces, fue detenido y estuvo en prisión preventiva durante dos meses hasta que consiguió su excarcelación.

En octubre del 2011, casi un año y medio luego de las denuncias, la jueza Alba Kunzmann de Gauchat decidió sobreseerlo del delito de abuso sexual simple en los tres casos, amparándose en supuestas contradicciones en los testimonios de las víctimas.

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