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Tras 6 meses de debate, Fernando Guzzo y el cofiscal Scattareggi coincidieron en no acusar a Girala ni a Metralleta Pérez. Ambos deberán ser sobreseídos por el tribunal. La deficiencia de la investigación dejará impune este caso del 2002.

Caso Bolognezi: el fiscal no pidió condenas para los dos imputados

Por Enrique Pfaabpfaab.enrique@diariouno.net.ar

Pasó el mediodía y no se ve a nadie. Un policía solemne, con la misma solemnidad que hubiera usado si lo estuvieran observando miles, arría el pabellón nacional en el mástil del nuevo Palacio Judicial de San Martín. Está solo, pero cumple cuidadosamente con la ceremonia de doblar la bandera con todas las normas protocolares, dejando el sol hacia arriba. En el hall un colega suyo intenta escuchar con su celular el partido de Argentina y acaba de dar una exclamación contenida, festejando el primer gol. No alcanza a oír bien y dice que el gol fue de Di María. José Luis Bolognezi tampoco está viendo el Mundial, pero debería. Tendría que tener 31 años y, posiblemente junto a una familia que nunca pudo formar, estaría festejando ese gol. O quizá estaría gritándolo con sus fieles amigos. Pero no, no lo está viendo. Murió hace 12 años, tirado en un baldío. En la sala principal de este edificio judicial hay cincuenta personas que tampoco miran el partido de Argentina. Los ha reunido otro interés: El homicidio del Kote Bolognezi. En este momento el fiscal de Cámara Fernando Guzzo está alegando que la única certeza a la que se ha arribado en este juicio es “a la certeza de la duda” y está pidiendo que se absuelva a los dos imputados.

Guzzo, con un aporte de su colega Martín Scattareggi que entró en el segundo tiempo y lo ayudó en reconstruir la noche del crimen y relatar la espantoso actuación policial, comenzó a alegar a las 9.30 de la mañana y concluyó a las 14.50, cuando Messi ya había hecho dos goles y había salido de la cancha, reemplazado por el Ricardo Álvarez.

Guzzo no gambeteó, no hizo firuletes magistrales. Encaró como un lateral derecho “ni con la camiseta de la defensa ni con la de la querella, sino con la del Ministerio Público Fiscal”, dijo, y disparó: “Todos somos responsables de una sociedad indecente”, citando a la ex suprema Aida Kemelmajer y agregó que sueña con “un Estado que sepa decir que no tiene respuestas” cuando no logra encontrarlas “con la única herramienta posible, que es la verdad”. Y dijo que alguna vez esta sociedad deje de sentir que “hacer lo que corresponde es una conducta heroica”.

El tándem Guzzo – Scattareggi fue prolijo y concreto y repartió culpas entre funcionarios policiales y judiciales por no haber podido superar las dudas. Apenas rescataron el limitado accionar que tuvo la que era en ese momento jueza correccional de la Circunscripción, Miriam Molto. Sin embargo la única nueva acusación que efectuaron en el alegato fue contra el ex comisario general Héctor Quiroga, a quien Guzzo calificó como “un funcionario policial sin escrúpulos” y pidieron que sea procesado por “instigación a la comisión del delito de falso testimonio en perjuicio de los imputados ”, delito que tiene una pena de entre 5 a 10 años de prisión.

La Fiscalía entendió que Quiroga fue el que armó la causa contra los imputados y fue el que “estuvo macerando a la testigo Ana María Puebla durante 35 días” antes de presentarla en la causa, 21 meses después del crimen y sin que se hayan producido avances importantes durante ese tiempo.

Para Guzzo no se puede saber a esta altura si Puebla vio el crimen o no, pero que cualquiera de las dos posibilidades está contaminada por la mentira, ya que según la fiscalía, la mayoría del relato de la mujer fue inducido por Quiroga.

Al fiscal de Cámara le llamó la atención que casi dos años después del crimen a Puebla le haya dado un “ataque de moralidad, justo después que aparece Quiroga” y que, en cambio y si realmente observó que un grupo de muchachos golpeaba a otro esa madrugada, no le haya prestado auxilio y ni siquiera haya dado el alerta a la policía. Si fue así, para Guzzo la mujer hubiera incurrido en el delito de “omisión de auxilio, pero hoy no se la puede acusar por eso porque el delito ya estaría prescripto”. Además calificó todo ese testimonio de “endeble y falaz” y que “todo se derrumba” cuando se lo analiza con sentido común. “Lo que no ves con los ojos, no lo inventes con la boca”, citó Guzzo.

También la Fiscalía remarcó que la instrucción de la causa fue un caos porque “hubo un juez que no controlaba las actuaciones”, que “los policías hacían lo que se les antojaba” y también cargó culpas contra el abogado que patrocinaba en ese momento a la familia Bolognezi: “cuando se dictaron los sobreseimientos de los otros imputadas, la querella no dijo nada porque solo le interesaba Girala”.

Para Guzzo, la justicia fue injusta por ineficiente y “todos corremos el riesgo de ser Bolognezi o alguno de los imputados, que estuvieron 12 años bajo proceso, y así la justicia es una kermese” y remató diciendo que “no se encuentran cumplidas las condiciones mínimas para una sentencia condenatoria”.

Hoy alegará la parte querellante, que seguramente pedirá condena para Abdo Girala y Carlos Pérez.  

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Cap ítulo II. Pese a que la Corte ordenó que se haga el segundo debate por el crimen de Bolognezi, el resultado será el mismo que la primera vez, debido a “una instrucción judicial y policial deficiente” según la Fiscalía.
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Fernando Guzzo y Martín Scattareggi.

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