Por José Luis Verdericoverderico.joseluis @diariouno.net.ar
Bolognezi: un papelón histórico que se veía venir y que no debería repetirse
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Dicen los que saben que mientras más alto se vuela más dura es la caída que se puede llegar a sufrir. Y el caso de La Yaqui es de esos que pondrán a prueba a las Justicias provincial y federal al respecto. Así, con el tiempo –ojalá que no sea mucho– nos daremos cuenta de que la pesquisa penal fue una historia con vuelo y sustento probatorio suficientes o el estruendo del fracaso nos dejará aturdidos y marcados por años, como ya nos pasó con otros expedientes judiciales resonantes.
Que a esta altura del partido haya diez personas detenidas (La Yaqui y nueve parientes) amerita hacer un alto y preguntarnos si realmente hay pruebas firmes para tener a todos ellos privados de su libertad y bajo proceso.
Seguramente algún mal pensado dirá que estoy saliendo en defensa del clan, pero únicamente estoy advirtiendo acerca de la necesidad imperiosa de no repetir papelones históricos, como el de las siete personas detenidas durante casi tres años por el doble crimen del Átomo de Lavalle y finalmente liberadas porque no había ni media prueba en su contra.
Mucho ruido y pocas nueces es otro viejo refrán que se concreta peligrosamente en la Justicia.
No podemos darnos el lujo como sociedad ni como ciudadanos judiciables (pasibles de ser sometidos a proceso en cualquier momento de nuestro derrotero) de tener fiscales y/o jueces que, como en el caso del Átomo de Lavalle, mantengan gente presa durante añares hasta que al final de un juicio justo se determina que no había ningún delito que condenar y se ordena, frente a sorpresas mayúsculas, que los ahora ex acusados pueden pasar por la cárcel a buscar sus pertenencias y quedan libres de culpa y cargo y en condiciones de volver a casa. Así nomás.
De regresoEl miércoles termina la feria judicial de invierno y el jueves todo el andamiaje volverá a ponerse en marcha, aunque sólo por 24 horas, ya que el viernes será feriado por el Santo Patrono Santiago y el sábado y el domingo no son laborales. Pasado en limpio, los tribunales provinciales y federales volverán a funcionar como Dios manda justo dentro de 7 días.
A partir de entonces, los ojos de la sociedad interesada en la temática criminal y el desarrollo de los procesos judiciales estarán puestos al menos en tres casos resonantes: el juicio a Alejandro Amitrano, preso hace un año y medio tras catorce años de fuga, por la muerte de su hijita en 1999; el proceso oral y público al joven sospechado de ultimar a un hombre en Ciudad y de haberle cortado un dedo, y el avance de la pesquisa contra un terapista denunciado por varias familias por haberles “suministrado drogas alucinógenas y manipulado desde lo psicológico”, según declararon algunas de las victimas en la edición dominical de Diario UNO.
Sabido es que toda causa judicial debe edificarse con pruebas sólidas que resistan el paso del tiempo. Por eso uno da por descontado que contra Amitrano y el joven acusado del otro crimen hay suficientes y sólidos argumentos.
No como en el caso Bolognezi, donde los dos acusados estuvieron “en la parrilla” casi 12 años y fueron sometidos a dos juicios con idéntico resultado: doble absolución, impunidad y papelón porque las pruebas eran ilegales y productos de un invento.