Por Catherina [email protected]
Thomas John Ishengoma estaba caminando hacia la parroquia y fue atacado por un chico. Le metió una mano en el estuche de la notebook y se la robó frente a la casa parroquial. Está identificado.
Asaltaron a un sacerdote africano frente a la casa parroquial de la Misericordia en Las Heras
Generalmente detrás de un hecho delictivo no sólo hay víctimas sino también historias de vida. Y en este caso se aúnan dos situaciones que tienen un matiz diferente.
El asalto en sí mismo y la historia de vida de la víctima es que se trata de un sacerdote oriundo de Tanzania que ha estado en varios países.
Su nombre es Thomas John Ishengoma (54), quien desde hace siete meses se encuentra en Mendoza donde oficia en la parroquia Nuestra Señora de la Misericordia, de calle Sucre al 2000 del barrio Independencia en Las Heras.
El sacerdote africano pertenece a los misioneros de congregación de La Consolata, que tiene 100 años de vida y están en los cinco continentes.
El viernes a la tarde muy amablemente se prestó a dialogar con Diario UNO para relatar el asalto del cual fue víctima el 23 de setiembre pasado. Sereno y con una sonrisa permanente en sus labios, contó en un perfecto castellano que “eran las 11.30 y yo estaba caminando solo hacia la parroquia. Venía de la biblioteca San Martín. Atrás mío venía un chico de 16 años que yo conozco porque su madre viene a Cáritas y nos pusimos a conversar. Pero en ningún momento pensé que me iba a atacar para robarme”.
Tranquilo, pero preocupado, prosiguió: “Hablamos de varias cosas y finalmente llegué a la puerta de la casa sacerdotal y entonces abrí el bolso para sacar la llave y entrar. Allí tenía una notebok. El chico me tiró la mano con fuerza para sacármela y me dijo ¡La necesito! Yo le respondí que no era mía y entonces sacó una pistola que tenía en la cintura y me mostró que estaba cargada. ‘Déjame la computadora por las buenas o las malas’, me amenazó, y entonces yo se la di. Ya había tocado el timbre y cuando salió un sacerdote pensó que estábamos hablando amigablemente y volvió a entrar. Entonces El chico se fue. Entré a la casa asustado y les conté a los sacerdotes lo que había sucedido y en 15 minutos la policía estaba aquí”. Refiriéndose al menor dijo que es drogadicto y que él está acostumbrado a hablar con las víctimas de este flagelo.
Luego relató que hace tres semanas un grupos de chicos drogados lo rodeó y le exigió que les entregara$1.500, “que yo no tenía. Hace dos semanas nos robaron las mesas de encuentro y el 22 de junio también la llave del sagrario”.
Afligido dijo que “la gente tiene miedo de venir aquí porque corre riesgo su vida. Pero yo quisiera que todos vengan a la iglesia en paz, grandes y chicos. Por eso pedimos protección a la policías. Trabajamos en zonas difíciles pero estoy acostumbrado”.




