Amitrano no reaccionó después de ser condenado

Por UNO

Por Catherina [email protected]

“El tribunal falla: primero, condenando a la pena de prisión perpetua a Alejandro Amitrano González como autor responsable de homicidio agravado por el vínculo”. La sentencia retumbó en la sala de debates de la Quinta Cámara del Crimen ante un Amitrano que tal vez no esperaba este dictamen de los jueces, quienes en forma unánime dictaminaron que él mató a su hija Rosario Belén Amitrano, de 1 año, en 1999.

Estupefacto, parado frente a los jueces, en un primer momento no atinó a nada, como no comprendiendo que 14 años después se había hecho justicia por su hijita. El shock que sufrió ante semejante resolución es como si hubiera recibido un KO inesperado. Su abogado defensor, Jorge Miranda, lo llamó por su nombre como para hacerlo reaccionar. Recién entonces giró la cabeza hacia donde estaban sentadas su actual pareja, Roxana, y su hermana, que lloraban desconsoladamente.

En ese momento el presidente del tribunal, Rafael Escot, flanqueado por los camaristas Alejandro Gullé y Liliana de Paolis de Aymerich dieron por levantada la sesión advirtiendo de que los fundamentes estarán listos en 5 días hábiles.

Amitrano fue llevado hasta una silla. Allí se sentó y se le abalanzaron llorando desesperadamente su pareja y su hermana. Él no reaccionaba pese al paso de los minutos. Luego balbuceó algo imperceptible incluso para los que se encontraban muy cerca. Con la mirada perdida miró las esposas de nuevo colocadas en sus muñecas, como no creyendo que no saldría en libertad tal como se lo aseguró a Diario UNO en un reportaje durante un cuarto intermedio, antes de que se dictara la sentencia.

Después dos penitenciarios, uno de cada lado, se lo llevaron. Adentro en la sala habían quedado Roxana, quien se apoyó en el estrado de los jueces y escondiendo la cabeza entre los brazos y casi a punto de desvanecerse repetía una otra vez: “Es inocente, es inocente”.

Su cuñada estaba en las mismas condiciones, apretando aún entre sus manos la estampita de la Virgen. Junto con Roxana antes de la sentencia habían rezado todo el tiempo.

Si algo le faltaba para abundar en pruebas que comprometían más la situación de Amitrano –deberá pasar 35 años en la cárcel–, los dos últimos médicos, Mascareño y Brigs, le dieron el golpe final al confirmar lo plasmado en las historias clínicas de sus colegas del Policlínico de Cuyo y de los hospitales Italiano y Notti, algunas de las cuales además fueron refrendadas por las testimoniales.

Alegato del fiscalLa parte acusatoria estuvo a cargo del fiscal de cámara Fernando Guzzo. A su lado estaba la fiscal de Delitos Complejos Claudia Ríos Ortiz, quien instruyó la causa contra Amitrano después de su arresto el 13 de julio del 2013.

De movida Guzzo dijo: “Está probado de que se reúnen todos los elementos de homicidio agravado, por eso pido la perpetua”.

Luego, pausadamente pero con firmeza, fue detallando el calvario sufrido por la pequeña Rosario Belén, quien fue llevada al hospital “cuando a su padre se le antojó” y no cuando lo había advertido y con carácter de urgente el pediatra del Policlínico de Cuyo Makern –hoy fallecido–. Él los derivó porque la pequeña tenía un shock grave. Esto fue a las 14 y recién decidió hacerlo con su ex esposa, Cecilia Cousau, a las 22. A esa hora fueron al Italiano, donde enseguida detectaron la gravedad de la pequeña a tal punto de que encontraron que tenía cinco costillas rotas de vieja data y perforado el intestino. Se percataron del maltrato y así se lo comunicaron a la jueza de familia Delicia Ruggeri, quien lejos de sacársela a los padres llamó para que les fuera devuelta a ellos.

Desde el Italiano le pidieron a la magistrada que fuera al hospital a vera a la nena y ella, según consta en el expediente, respondió que no iba porque había citado a los padres. Un párrafo aparte le dedicó Guzzo a esta jueza, de quien dijo que “no le brindó ninguna garantía a Rosarito y sí la puso en manos de quien la asesinó”.

Luego al referirse al estallido del yeyuno de la chiquita recordó el paso de todos los médicos en el tribunal, quienes coincidieron en señalar que “fue por golpe directo”. Enumeró las múltiples dolencias y el martirio de Rosarito, lo que en algunos puntos provocó una gran tristeza entre los que estaban presentes en la sala. A Guzzo no le tembló la voz cuando pidió la pena máxima para el acusado luego de un largo, contundente y preciso alegato de más de una hora.

La hora de la defensa El penalista Jorge Miranda apeló a todos sus conocimientos jurídicos para tratar de revertir la situación de su cliente, por demás comprometida con lo manifestado por Guzzo. Así culpó al GAR de todos los males de la chiquita y trató de exculpar a Amitrano. Todos sus esfuerzos en una desesperada defensa se vieron frustrados con el fallo de los jueces.