Catherina Gibilaro [email protected]
Lo solicitó el fiscal Fernando Guzzo y lo resolvió la Quinta Cámara del Crimen, que lo condenó por haber matado a golpes a su hija Rosario Belén, de 1 año, en 1999
Amitrano deberá cumplir la perpetua en Mendoza y no en San Luis como él quería
Alejandro Amitrano, condenado a prisión perpetua por el asesinato de su hijita Rosario Belén, de 1 año, en 1999, seguirá descontando su pena en Almafuerte pese a que su defensor pidió el traslado a San Luis, donde reside su familia. Así lo resolvió la Quinta Cámara del Crimen, que estuvo presidida al momento de la condena por Rafael Escot e integrada por Liliana de Paolis de Aymerich y Alejandro Gullé. Los magistrados apoyaron la decisión del fiscal de cámara Fernando Guzzo, quien se había manifestado en contra de lo solicitado por el defensor Jorge Miranda.
Guzzo para rechazarla tuvo en cuenta que la sentencia no se encuentra firme –la defensa presentó un recurso de casación ante la Suprema Corte de Justicia de la provincia– y porque existe peligro de fuga en el caso de que sea llevado a la vecina provincia.Ese mismo criterio fue entonces el que imperó en la cámara para denegar la solicitud. Y es que Amitrano antes de ser detenido en Entre Ríos por una investigación llevada a cabo por el periodista Marcelo Ortiz estuvo prófugo de la Justicia durante 11 años y la causa en su contra podía haber quedado prescripta si lograba mantenerse oculto un año y medio más.El 7 de enero de 2013 fue capturado en Paraná, donde se había radicado en 2002. Había logrado desarrollar una vida prácticamente común ya que formó otra familia con una chica de Paraná que en el momento del arresto cursaba un embarazo de 8 meses.Un mes después nació una nena, a la que llamaron Indiana.También el prófugo más codiciado de la Justicia de Mendoza –teniendo en cuenta que se trataba nada menos que del sospechoso de haber matado a golpes a su propia hija– realizaba tareas mundanas y atendía diariamente un comercio que había abierto bajo otra identidad. Así es como fueron pasando los años en un ambiente que le era propicio y por lo que cabe preguntarse ¿como es posible que se haya mantenido tantos años sin que lograran dar con su paradero?Esto si se tiene en cuenta que solía recibir en la tierra mesopotámica la visita de varios familiares, especialmente después de la muerte de su padre.Y fue justamente siguiendo los pasos de su madre que ese 7 de enero de 2013 fue capturado cuando apenas había abierto su minimercado y le cayeron encima como un balde de agua fría efectivos de la Policía de Mendoza.Fue algo que ciertamente resultó del todo inesperado para quien, según dijeron los psicólogos durante el juicio, “se creía intocable”. No fue así.Hoy debe de estar repensando su historia en el módulo 4 del penal Almafuerte, donde transcurre sus días, durante los que ha creado vínculos con otros presos que si bien han delinquido conservan un cierto nivel cultural que les permite tener diálogos abiertos.Desde la condena del 11 de noviembre del 2014, que lo tomó por sorpresa –él pensaba que no iba a ser condenado, según dijo a UNO en el aula de debate– difícilmente podrá olvidar la voz del relator de la Quinta Cámara del Crimen cuando dijo: “El tribunal falla: primero, condenando a la pena de prisión perpetua a Alejandro Amitrano González como autor responsable de homicidio agravado por el vínculo”.La sentencia retumbó en la sala de debates de la Quinta Cámara del Crimen ante un Amitrano que tal vez no esperaba ese dictamen de los jueces, quienes en forma unánime dictaminaron que él mató a su hija Rosario Belén Amitrano, de 1 año, en 1999.Incrédulo ante la pena máxima La condena a perpetua todavía debe de estar retumbando en sus oídos. Ese 11 de noviembre Amitrano quedó estupefacto, parado frente a los jueces. En un primer momento no atinó a nada, como no comprendiendo que 14 años después se había hecho justicia por su hijita. Fue un nocaut inesperado ante semejante resolución. Su abogado defensor, Jorge Miranda, lo llamó por su nombre como para hacerlo reaccionar. Recién entonces giró la cabeza hacia donde estaban sentadas su pareja, Roxana, y su hermana, que lloraban desconsoladamente.Amitrano fue llevado hasta una silla. Allí se sentó y se le abalanzaron llorando desesperadamente su pareja y su hermana. Él no reaccionaba pese al paso de los minutos. Luego balbuceó algo imperceptible incluso para los que se encontraban muy cerca. Con la mirada perdida miró las esposas de nuevo colocadas en sus muñecas, como no creyendo que no saldría en libertad como se lo aseguró a Diario UNO en un reportaje durante un cuarto intermedio, antes de que se dictara la sentencia, cuando también dijo: “Si me condenan, me suicido”.Después dos penitenciarios, uno de cada lado, se lo llevaron. Adentro en la sala había quedado Roxana, quien se apoyó en el estrado de los jueces y escondiendo la cabeza entre los brazos y casi a punto de desvanecerse repetía una y otra vez: “Es inocente, es inocente”.Su cuñada estaba en las mismas condiciones, apretando aún entre sus manos la estampita de la Virgen. Con Roxana antes de la sentencia habían rezado todo el tiempo.




