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Se trata de Carlos García Campoy (20), quien fue parado por Gendarmería en Luján el 12 de junio pasado. El disparo que lo mató genera sospechas.

A 11 días del balazo en la cabeza que terminó con la vida de un estudiante, no se sabe cómo ocurrió

A 11 días de la trágica muerte del joven estudiante Carlos Andrés García Campoy (20 años), todavía no se conoce a ciencia cierta qué ocurrió para que terminara con un disparo a la altura del parietal derecho que puso fin a su vida el 13 de este mes, en la zona de la Destilería de Luján de Cuyo.

Concretamente se busca saber si se quitó la vida o si su deceso se debió a la intervención de terceros, ya que fue parado en un control de rutina que hacía Gendarmería en la Ruta Nacional 7, esa tarde, alrededor de las 17.40. Ríos de tinta se escribieron sobre este caso, que deja en una situación por demás incómoda a la Gendarmería ya que fue la última que tuvo contacto con el joven antes de la tragedia. La no explicación por parte de las autoridades federales sobre los resultados de la que se denominaba prueba de guantelete (barrido electrónico) como asimismo sobre las armas de todos los implicados, incluido el joven García Campoy, crea un manto de sospecha que pone la lupa sobre la fuerza de seguridad nacional ya que dos de sus hombres fueron imputados de homicidio agravado cuando la causa todavía se encontraba en manos del fiscal de Instrucción de Luján, Jorge Calle. También fueron sometidos a esta prueba dos efectivos de los 8 del Servicio Penitenciario que fueron parados por la Gendarmería cuando el trágico hecho ya había ocurrido para que se socorriera al joven que yacía en el asiento posterior de su Peugeot 504. Los penitenciarios, que pertenecen a la Unidad de San Rafael, pasaban circunstancialmente por allí ya que estaban trasladando a la ciudad sureña a convictos de Almafuerte. Tampoco se conoce cuáles son los resultados que se obtuvieron durante la necropsia que se realizó en el Cuerpo Médico Forense y que, después de tanto tiempo, aunque sea en un informe in voce deben de estar en conocimiento del juzgado de Walter Bento, quien desde el 17 de junio tiene en sus manos el caso. Esto es porque el fiscal Calle se apartó pues la jurisdicción para investigar era de la Justicia federal debido a que había  intervenido una fuerza de seguridad nacional y el hecho se produjo en una ruta nacional. Sin embargo, antes de hacerlo, Calle tomó medidas judiciales pese a que no eran de su competencia: por ejemplo haber imputado a los gendarmes sin saber todavía cuáles eran los resultados de las pericias forenses sobre el cuerpo del joven estudiante de Higiene Industrial, y sobre las armas que tenían los hombres de la fuerza de seguridad, los del Servicio Penitenciario; tampoco se había peritado la carabina 22 que llevaba consigo García Campoy. De acuerdo a un trascendido, el orificio que presentaba la víctima sería de 7 milímetros. Si se hubiera disparado con su arma personal, daría un orificio de 5 milímetros aproximadamente. En el caso de que se hubiera disparado un pistola 9 milímetros, que es la que utilizan la Gendarmería y el Servicio Penitenciario –armas que se condicen con las secuestradas por la Justicia para ser peritadas– el orificio como mínimo sería de 9mm. La pregunta que queda latente es si había otra arma en el lugar y qué pasó realmente. A esto todavía la Justicia federal no dio respuestas, posiblemente porque aún no tiene en su poder todos los peritajes. El hecho El joven Carlos Andrés García Campoy (20), quien cursaba la carrera de Higiene Industrial en la Universidad del Aconcagua, iba por ruta 7 el viernes 13 de este mes. Cuando llegó a un control de Gendarmería Nacional detuvo la marcha como el resto de los automovilistas. Los integrantes de la fuerza de seguridad estaban haciendo circular a los camiones que habían estado varados dado que se había rehabilitado el paso a Chile. Eran aproximadamente las 17.40 cuando García –según se conoció en ese momento– acató la orden de los efectivos y bajó del auto. El joven tenía en el asiento posterior de su Peugeot 504 una carabina que habría accionado contras los gendarmes, quienes se habrían resguardado para protegerse. Allí es cuando habrían escuchado otra detonación y al acercarse al Peugeot del joven lo encontraron tirado sobre el asiento trasero, con un tiro en la cabeza y con las piernas colgando hacia el asfalto. Al lugar concurrió el fiscal de Delitos Complejos Santiago Garay, pero luego la causa quedó en manos del fiscal de Luján, Jorge Calle.

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