País Miércoles, 31 de mayo de 2017

Los dos efectos más dañinos que dejó el cambio climático en Argentina

Aumento de temperatura e inundaciones más graves es lo que le espera al país. Pero no solo eso, sino que estas traerán otras consecuencias

El cambio climático tendrá dos efectos muy nocivos para Argentina, al menos por los próximos 80 años: precipitaciones extremas y aumento promedio de las temperaturas.

Estos dos fenómenos producen, según la región que se analice, una mayor cantidad de inundaciones, por un lado y, sequías, por el otro; olas de calor más prolongadas e intensas en los centros urbanos; propagación de enfermedades, como el dengue, y derretimiento de glaciares, entre otros.

Así lo alertaron los investigadores del Conicet Vicente Barros e Inés Camillon en el libro La Argentina y el cambio climático. De la física a la política (Eudeba, 2016), presentado ayer en la sede del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), según explicó el diario La Nación.

La alerta llegó en un año de intensas lluvias y desbordes de ríos y lagunas que han dejado ciudades bajo el agua en varias provincias, rutas anegadas y pérdidas millonarias en el sector de la producción agrícola. Los datos que el SMN recopila desde hace 145 años revelan que el volumen de lluvias creció 20% entre 1961 y 2010 y que la temperatura, en promedio, subió 0,5°C.

Para los próximos 25 años se proyecta una aceleración de ese aumento y la región con mayores cambios sería el noroeste del país, con subas de hasta el 1,5°C.

"Un aspecto negativo de las crecientes precipitaciones de las últimas décadas son las cada vez más frecuentes inundaciones. Éstas constituyen las catástrofes de origen natural que mayores daños económicos y sociales causaron en la Argentina en los últimos tiempos", se sostiene en la publicación, que fue editada por Eudeba.

Contribución

"Nadie puede eludir el tema del cambio climático en la agenda de aquellas personas que toman decisiones. Esta publicación es una enorme contribución para esos destinatarios", sostuvo Celeste Saulo, directora nacional de SMN e investigadora del Conicet, encargada de presentar el libro.

Barros recordó que para desagotar en sólo dos meses el agua de la inundación de 2003 en la pampa deprimida habría sido necesario un canal con el caudal del río Uruguay. "Siempre digo que mientras las obras de contención no estén nos vamos a seguir inundando. Sin embargo, después de la obra también nos vamos a seguir inundando. Por eso es tan importante que se perfeccionen los sistemas de alerta temprana como los que elabora el SMN", dijo el experto del Departamento de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad de Buenos Aires.

En el mismo sentido, la coautora del libro, Camilloni afirmó: "Todavía no sabemos cuánto es el máximo que puede llover en la Argentina. Las precipitaciones en lugares como Comodoro Rivadavia lo demuestran". La investigadora se refirió así a las lluvias extremas que azotaron media ciudad patagónica y que registraron un desvío de 1660% más de lo que llueve normalmente.

La combinación de las precipitaciones cada vez más frecuentes y extremas y las altas temperaturas también genera la propagación de enfermedades que antes se veían en otras latitudes, como el dengue, el zika o la fiebre chinkungunya.

La temperatura promedio en la Argentina subió al menos medio grado. Y en algunas regiones, como la Patagonia, el alza llegó a 1°C. En gran parte del país hubo una reducción en el número de días con heladas, mientras que la cantidad de jornadas con olas de calor y de noches tropicales aumentó considerablemente en el norte y este del país.

Las olas de calor son otro gran tema de preocupación de los autores. El fenómeno se produce cuando se registran tres días o más consecutivos con temperaturas mínimas superiores a los 22°C y máximas por encima de los 32°C.

Diciembre de 2013 fue uno de los más cálidos de la historia. El especialista hizo una investigación en la ciudad de Buenos Aires porque se habían registrado, al menos, 700 muertes más que el promedio del período. Es decir, un 7% más. Este trabajo aún está en análisis, pero los números oficiales del Registro Civil local avalan la hipótesis.

Los "números significativos" a los que se refiere el científico parten de la base de que mientras el promedio de decesos en los meses de verano en la ciudad (diciembre, enero, febrero) es de 9500, desde 1996, según datos del Registro Civil local, en el mismo período del verano 2013/14 la cifra ascendió a 10.204.

Esa ola de calor abarcó desde Mendoza hasta Buenos Aires y desde Córdoba hasta Bahía Blanca, la parte más poblada del país, unos 20 millones de personas.

Fuente: La Nación

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