El tifón Hagibis, que antes de tocar tierra ya había dejado un muerto, varios heridos y graves daños materiales por sus vientos huracanados, llegó a tierras japonesas en pleno Mundial de rugby y al menos en las primeras horas, justificó por su intensidad la decisión de los organizadores de cancelar dos encuentros.
Hagibis, el decimonoveno tifón de la temporada en el Pacífico, está catalogado como “muy fuerte”, la segunda mayor categoría de intensidad de la agencia meteorológica nacional (JMA), que alertó que las lluvias podrían alcanzar a las arrojadas en 1958 por el tifón Ida, que dejó más de 12.000 muertos y desaparecidos.
En un inusual movimiento, la Agencia Meteorológica de Japón (JMA) activó el nivel de alerta máximo 5 por lluvias “con una intensidad observada una vez cada varias décadas” en ciudades de siete prefecturas del centro y este de Japón: Shizuoka, Kanagawa, Tokio, Saitama, Gunma, Yamanashi y Nagano.
Esto se tradujo en lluvia intensa durante todo el día, vientos muy fuertes y hasta un sismo de 5,7 grados, que se sumó para inquietar aún más a quiénes llegaron a la tierra del sol naciente para asistir a la máxima cita ovalada.
Las imágenes del seleccionado japonés saliendo a entrenar en un estadio totalmente anegado recorrieron el mundo, seguramente en un juego de los locales ante la fuerte presión de Escocia para que no se cancele el encuentro entre ambos países que definirá la clasificación a cuartos de final.
Una cancelación beneficiaría al equipo local aunque por otro lado pondría bajo serio cuestionamiento a los nipones como organizadores.
Claramente la decisión de cancelar la actividad en la zona afectada fue un acierto de la organización, por más que más de uno sigue pensando que los partidos debieron postergarse o cambiarse es escenario, pero nunca suspenderse.
Lo cierto es que todos los que tienen que ver con el Mundial ahora esperan que Hagibis deje las menores consecuencias posibles y que los partidos del domingo puedan jugarse sin problemas.




