El partido entre Gimnasia y Maipú animaba a pensar en un estadio lleno. Era por Copa Argentina y entre dos equipos mendocinos. La noche estaba ideal para ver un lindo "fulbito".
"Los famosos 33", como siempre, le hicieron el aguante al Lobo en el Víctor Antonio Legroteglie. Después, los de siempre.
Un lindo ambiente, familiar; pero no a la altura de las expectativas para el único equipo invicto del fútbol argentino.
No sólo pasa en cancha del Lobo, ni es una cuestión exclusiva del día o el horario, o el precio de las entradas. Algo se perdió.
"En mis tiempos íbamos a la cancha, porque no había otra forma de enterarse de los resultados. Íbamos a ver a nuestro equipo y a los otros equipos mendocinos, hinchábamos por nuestro fútbol" relata, nostálgico, Alejandro, un amante de la redonda, que ya no va a la cancha.
*Video gentileza @ArgentinaFCOK
En la semana el flamante presidente de Independiente Rivadavia, Ignacio Berrios, aseguró que de local perdieron plata, porque lo recaudado con la venta de entradas no alcanza.
Godoy Cruz, el único representante que tiene Mendoza en la máxima categoría, con participación en copas internacionales, juega en el Malvinas a la sombra de lo que convocan River y Boca cuando utilizan el estadio provincial (recordemos que en la final de Copa Argentina entre River y Atlético Tucumán no cabía un alfiler).
Esta semana se conoció la noticia de la pronta eliminación de los torneos Federal B y C. La idea, lejos de ser malintencionada, es "revivir" al fútbol del interior.
Pongámonos una mano en el corazón: lo estamos dejando morir. Quien haya vivido en aquellas épocas en donde se jugaba a estadio lleno, entenderá el sentido de esta crítica, que es también autocrítica.
Es lindo ver la Champions desde el sillón, las repeticiones de la Superliga, las Copas esas en las que siempre se espera que sean protagonistas River y Boca. Pero hay un fútbol que es bien nuestro, que necesita de nosotros para ser lo que era. No lo dejemos morir.



