Independiente Rivadavia jugó ante Argentinos Juniors sin duda, desde lo táctico y lo emocional, uno de los mejores partidos de los últimos años. Desde el primer segundo de juego se vieron las intenciones del equipo que dirige Alfredo Berti: presión alta con dos hombres sobre un rival. En la mitad de la cancha estuvo el corazón del equipo.
Repasando el once inicial empezaremos a desmenuzar el por qué la Lepra fue más que el líder de la categoría: Aracena en el arco; línea de cuatro en el fondo con Arciero, Gómez Andrade, Rodríguez y Maidana; en la incansable mitad de cancha se lucieron Cerutti, el doble cinco con González y Montero, más las zurdas de Cardozo y Disanto; mientras que bien de punta jugó Tarragona.
Mirando detenidamente la repetición del partido, sin la vorágine "in situ", se vio notoriamente la marcada transición de defensa a ataque y viceversa que realizó la Lepra. El planteo del Loco Berti fue muy claro: cuando se replegaba era un 4-4-1-1 y cuando atacaba, pasaba rápidamente al 4-2-3-1, en ninguno de los casos se dejó de lado la presión.
Empiezo analizando el lugar donde creo que se ganó el partido: el mediocampo, que fue todo azul y nada rojo. El tándem Montero- González fue clave, los "ocho" devenidos a "cinco" metieron, presionaron, corrieron, quitaron y hasta pegaron cuando había que pegar con una rigurosa marca sobre los generadores de juego del Bicho. De un quite de González llegó la falta y el posterior tiro libre para el gol de Cardozo.
Por la derecha, Cerutti en la misma sintonía le agregó pausa y explosión al mismo tiempo. Del otro lado, a la experiencia de Cardozo se le sumó las ganas del pibe Disanto que cambió un mal partido por huevos y muchísima entrega. Más arriba Tarragona, ese "gladiador" que pelea cuanto balón le queda cerca pero con una calidad técnica para pivotear y habilitar, ya sea de cabeza o con el pie, a los rapiditos que le pasaban por los costados.
Defensivamente el partido fue casi perfecto salvo por el descuento de Argentinos. Los laterales cerraron bien las bandas, pasaron al ataque con criterio y siempre regresaron corriendo a su posición inicial. Los marcadores centrales jugaron como unos verdaderos "caudillos" que defendieron la victoria con pierna fuerte y cabeza firme, anularon al goleador visitante.
Por último y no menos importante, el capitán leproso. Cristian Aracena, que en silencio se hizo un referente, no pasó sobresaltos ya que supo controlar los centros de los de La Paternal al igual que algún que otro remate para salir rápido e iniciar la contra que terminó en el gol de Cerutti. Manejó los tiempos en los minutos finales y no hubo nada que reprochar en el gol de Batallini.
Jugando de esta manera no tengo dudas que la Lepra logrará el objetivo.
Ahora, ¿aguantará el físico a tanta intensidad? Esa será la tarea del profe y del cuerpo técnico para lograr mantener el nivel que demostraron los jugadores y reafirmar que no fue sólo una buena tarde.
Pensando en lo que viene, Independiente Rivadavia visita a Instituto en Córdoba, el viernes a las 21, con la obligación de lograr los tres puntos a sabiendas que si Juventud Unida pierde con Gimnasia, juegan el mismo día a las 17.30 en Jujuy, saldrá de la zona roja y los de Gualeguaychú caerán en descenso sin mirar otros resultado.




