El maldito descenso le respira en la nuca a Gimnasia y Esgrima. Una dura situación por la que ningún futbolero quiere pasar. Por eso, una rara mezcla de sentimientos embargan por estos días al hincha blanquinegro: dolor, decepción, resignación y también una loca esperanza de aferrarse a las mínimas chances de salvación.El Lobo mendocino no depende de sí mismo. Está obligado a vencer a Villa Dálmine, el domingo a las 17 en el estadio Víctor Antonio Legrotaglie, y a esperar que lo favorezcan los resultados de otros equipos comprometidos en el promedio (que no sumen Central Córdoba de Santiago del Estero, Guaraní Antonio Franco y Brown de Puerto Madryn) para lograr esquivarle al descenso.
La esperanza no se pierde. Gimnasia está al borde del descenso, pero el hincha mensana acompañará al equipo contra Villa Dálmine, aferrado a la ilusión.
Pese a todo, se espera mucho público del Lobo

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