"Es el partido más importante de la historia", había dicho Daniel Vila, presidente de Independiente Rivadavia en la previa del duelo ante Godoy Cruz. Durante toda la semana, hinchas, periodistas y dirigentes de ambos equipos habían debatido sobre si se trataba o no de un clásico.
Pacto de no agresión entre Independiente Rivadavia y Godoy Cruz
Jugar a no perder suena como una estafa; pero no se leyó así. Todos se fueron del Gargantini con más cara de alivio que de calentura. El de Godoy Cruz, en su casa, sin dudas también respiró
Después de ver los 90 minutos que se jugaron en el Gargantini, no quedó ninguna duda de que los protagonistas sí lo sintieron así y por eso, ninguno quiso arriesgar. La Lepra y el Tomba jugaron a no perder y se notó implícito un pacto de no agresión.
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Una especie de tregua futbolística que se rompió a cuentagotas en el segundo tiempo, cuando el cansancio ya se había apoderado de las piernas leprosas, las cabezas ya no pensaban del todo bien y los errores se sucedieron unos tras otros.
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El terror a quedar pegado en la foto del gol del otro se olió desde el minuto uno. Pesó más la obligación de no perder que el querer ganar. En los dos.
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En la Lepra, quizás porque conocía sus limitaciones y porque hasta cuerpo a cuerpo se veía superado en lo físico. En el Tomba, por no pasar vergüenza la primera vez que debía enfrentar de verdad, en Primera, a uno que no le iba a perdonar la cargada.
Jugar a no perder en vez de a ganar suena como una estafa; pero no se leyó así. Jugadores, técnicos y hasta los hinchas se fueron del Gargantini con más cara de alivio que de calentura. El de Godoy Cruz, en su casa, sin dudas también respiró.




