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A 10 años de la agresión que trastocó sus sueños de futbolista. El 11 de setiembre de 2005 recibió un balazo que truncó su carrera. “Ahora marco a los alumnos”, dijo el preceptor. Galerí
Carlos Azcurra, un guerrero de la vida
...Cuando empecé a pensar que dormir para siempre, sin sed y sin asfixia, no sería tan malo, sentí un soplido sobre mi frente húmeda.–Estás en un sitio con dos salidas– me dijo. Y agregó: una es la salida de los cansados, otra es la salida de los guerreros…
(El mapa imposible, Liliana Bodoc)La historia que cuenta en su libro la genial escritora mendocina (por adopción) Liliana Bodoc encuentra relación con todo lo que experimentó –en la vida real– Carlos Azcurra, un guerrero que decidió darles batalla a las adversidades y sacar fuerzas de donde no tenía para salir adelante. Y lo logró, con coraje y voluntad. Un verdadero ejemplo. “El cuerpo me quemaba, el dolor era insoportable, no podía respirar. Cuando estuve en terapia intensiva, la pasé realmente mal. Los médicos me dijeron que tuve mucho aguante y que zafé de milagro”, rememora ahora, con la tranquilidad de lo ya vivido y superado, el Cayo Azcurra –como se lo conoce–, a la salida de la Escuela Nº3–452 de El Algarrobal, en donde se desempeña como preceptor.Muchos ya conocen lo que pasó. En la plenitud de su carrera deportiva (tenía 28 años), el por aquel entonces defensor del Atlético San Martín recibió un disparo de escopeta del agente Marcial Maldonado, quien descargó 17 perdigones de goma,a apenas 20 centímetros de distancia, sobre el cuerpo de Azcurra. Fue durante un partido contra Godoy Cruz, en el estadio Malvinas Argentinas, el 11 de setiembre de 2005 (ver aparte)A 10 años de aquel lamentable y terrible episodio que le cambió la vida para siempre, Azcurra recuerda sin rencores ni resentimientos. “Para mí ya pasó hace mucho, salí adelante con el amor de mi familia y estoy feliz de estar vivo, con mi trabajo y mis proyectos. No guardo rencor a nadie. La vida continúa”.–¿Podrías contar lo que recordás de aquel momento, cuando sufriste la agresión dentro de la cancha? –Con varios jugadores nos acercamos adonde estaban los policías disparando a la gente en la popular. Me pareció una locura porque allí estaban mi papá y mi sobrina. Y de repente sentí un golpe en la espalda y me caí. No toqué a nadie y tampoco vi que me dispararan, sólo sentí un fuertísimo dolor en la espalda y me caí. Me acuerdo de los gritos: ‘Mirá el agujero que le hiciste, hijo de puta’, gritaban mis compañeros; yo no podía ni respirar. Los médicos me dijeron que fue milagroso cómo pude llegar vivo al hospital, había perdido mucha sangre, pero yo me acuerdo de todo.Producto del disparo, Azcurra debió ser intervenido de urgencia y durante la operación se le extrajo un tercio del pulmón derecho afectado. Sufrió fracturas costales, desgarro del diafragma y contusión hepática. Debió permanecer ocho días en terapia intensiva.“Cuando estuve en terapia intensiva no podía mover el cuerpo, me enchufaron cables por todos lados y me conectaron dos sondas al pulmón derecho. La operación fue en toda mi panza. Fue muy duro…”, describió Azcurra.–¿Alguna vez te encontraste con el policía que te agredió? ¿Pidió disculpas? –La última vez que lo vi fue en el juicio, que yo no inicié, no me importaba hacerlo. Fue el Estado el que le hizo juicio. Recuerdo que en un momento pasó al lado mío y me pidió disculpas, y le di la mano. Yo no guardo ningún rencor. En su momento yo tenía la convicción de que podía triunfar en el fútbol y que me cortaron esos sueños, pero después agradecí el estar vivo. Para mí ya todo pasó, mi vida continúa.Desde entonces, en la cama del hospital, dice que se juramentó luchar: aferrarse a la vida, primero, y después, alcanzar la plena recuperación para volver a llevar una vida normal. Con una fuerza espiritual ejemplar, Carlitos Azcurra no sólo hizo realidad el sueño de volver a jugar al fútbol (cinco años después de la agresión fue fichado por Maipú), sino que, además, estudió Abogacía, le dieron el diploma de director técnico de fútbol y se recibió de preceptor. Y su mayor logro: ser papá de Pilar.“Durante mi larga recuperación, me inscribí en Abogacía. Tras el nacimiento de mi hija, el alquiler de la casa y los gastos diarios motivaron que dejara la carrera por la de Preceptoría. Justo se dio que en la escuela de mi barrio, en donde fui abanderado en la secundaria, la directora María Inés Cornago se acordó de mí y pude entrar como preceptor. También tengo un saloncito de fiestas para alquilar, y con eso voy tirando y ayudando a la familia”, contó el futbolista lasherino, que sigue disfrutando de la pasión por la redonda jugando en los torneos amateurs de profesionales.–¿Qué te parece más difícil, cuándo marcabas a los gambeteadores o cuidar la disciplina de los alumnos? –Una gambeta me podía enloquecer. Y un par de alumnos también (risas). Ahora los marco a ellos. La verdad es que gracias a la escuela he podido conocer a grandes personas, la directora María Inés Cornago; la secretaria, Ruth Ugrin; la compañera preceptora Carina Lavallén, y muchos más. En el CENS vienen chicos más grandes, con todas sus ganas de progresar. Y también aprendo de los maestros y su solidaridad, que luchan día a día por una comunidad mejor.El lamentable hecho que conmovió al país El mundo del fútbol se conmovió con el caso Azcurra. La tarde del 11 de setiembre de 2005 (ese día nevó en el Gran Mendoza), durante la disputa de un clásico mendocino entre San Martín y Godoy Cruz por la B Nacional, en el estadio Malvinas Argentinas, el partido se detuvo cuando la policía comenzó a reprimir a violentos barras albirrojos. Los jugadores intentaron intervenir para calmar la situación, pero uno cayó herido.Tras haber sido baleado por el cabo Marcial Maldonado (la cobarde agresión se vio nítidamente por TV), Azcurra fue llevado en ambulancia al hospital Lagomaggiore. Su vida estuvo en peligro. Después de ser intervenido quirúrgicamente (perdió un tercio de un pulmón) y de una larga recuperación, hasta Maradona lo llamó para brindarle su apoyo y mantuvo reuniones con Julio Grondona y Futbolistas Agremiados. Recibió promesas de ayuda económica, pero todo quedó en eso, promesas. Tras un acuerdo extrajudicial, Azcurra recibió 300 mil pesos como resarcimiento. El juicio finalizó en 2009; Maldonado fue condenado a 2 años de cárcel efectiva que nunca cumplió. Hoy continúa trabajando en la fuerza policial mendocina, pero sin portación de arma.




