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¿Y si la noticia y la actualidad volvieran a ser protagonistas?

Las noticias y la actualidad parecen quedar ninguneadas cuando en la TV porteña se ven inventos como el de convertir nimiedades en sucesos. Por ejemplo, que una panelista se vaya de un programa

Inesperadas novedades se suman a los programas de la TV porteña. Por ejemplo, una sección que podríamos llamar "Se van". Esta se desarrolla ante las cámaras cuando alguna figura, o mejor dicho, figurita (que puede ser mujer o varón) deja de pertenecer a un programa por decisión propia o de la empresa.

Esa situación, que daría para anunciar simplemente que Fulana o Mengano ya no estará en el ciclo, y desearle buena ventura, se transforma en cambio en parte del programa con el fin de que el o la protagonista pueda desarrollar un show.

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Esas puestas en escena suelen ofrecer una rotunda falta de profesionalismo. Se busca que quien es el centro de la despedida no pueda contener las lágrimas, que agradezca al público con la voz entrecortada, y que se despache con una serie de estudiados agradecimientos que incluyen desde el portero del canal hasta la maquilladora, y en los que -de manera supina- dejará entrever que se llevaba para el traste con el gerente de programación, sin nombrarlo.

Los que más fulguran en estas despedidas son los del rubro "panelismo", los cuales parecen sugerirnos que la vida sin ellos ya no será lo mismo para los televidentes.

Liviandades

Le cuento, lector, un detalle gracioso: cuando puse "panelismo" en esta columna, el corrector automático de la computadora me marcó error y me sugirió que lo mejor era colocar "populismo". Si la sugerencia la hubiera hecho una persona, sería un touch delicioso. Como es de una máquina, es de un aparato pelotudo.

Una cosa es que quien se despida sea Viviana Canosa. En diciembre pasado ella estuvo batiendo el parche durante un mes antes de irse del Canal 9 de Buenos Aires. Pero, bueno, la Canosa es una especie de prima donna del periodismo televisivo bravío. Y otro asunto muy distinto es que esos largos adioses estén en manos de panelistas que más que comentaristas de la realidad son audaces portadores de liviandades varias.

Si a Susana o a Lanata los rajan o ellos deciden irse a otro canal, será noticia. Pero el valor se rebaja si los nombres en cuestión son, por caso, los de la panelista Cinthia Fernández (que es muy buena bailarina) o el del meteorólogo de TN, Matías Bertolotti. Eso es para una gragea.

Otra cosa que suele caer muy pesada en la tele porteña es ese fingido empeño de ciertos conductores de canales deportivos en armar bardos entre los panelistas para calentar el ambiente. A veces son reales y les sale bien, pero por lo general a dichos picudeos se les notan las costuras, como cuando sugieren que en cualquier momento se van a ir las manos. Paren, che, que Pagani hay uno solo.

¿Le suena?

En la televisión de los países más serios existe el supuesto de que el profesionalismo es un mecanismo de relojería para que todo salga bien por respeto al televidente. Acá, en cambio, hay un culto al espontaneísmo (un sayo que le cabe bien a muy poca gente) que alarga las cosas como chicle, en busca de la lágrima, el morbo o la décima de rating en el minuto a minuto.

En la radio también es habitual escuchar esas "mesas de amigos" de tres o cuatro personas que llegaron sobre la hora al estudio y comienzan a divagar sobre temas varios. Confían exageradamente en su verba. El asunto es que no hay tantas personas inteligentes y espontáneas que puedan transformar en un placer una charla radial de ese tipo. Ese es un mérito que no se compra en el súper.

A un programa de radio no se puede ir a hacer las cosas de taquito. Sin embargo, si a ese envío se lo elabora como un profesor prepara una clase, se pueden lograr momentos muy sustanciosos. Lo mismo corre para un ciclo de TV, con el agravante de que allí la imagen te crucifica.

Redondeá, che

Todo esto de las despedidas y de que buena parte de los programas monten una especie de ring virtual para la pelea, tiene que ver con que en realidad la noticia y la actualidad, supuestamente las dos grandes estrellas, vienen siendo hambreadas.

Algunos noticieros porteños de TV deberían tener menos gente en cámara y más profesionales del periodismo detrás. Menos comentarios entre los conductores, y más y mejor producción e investigación, Y, de manera particular, una cuidada edición. La edición para un noticiero es tan vital como el guión para una película.

Lo importante es mostrar y jerarquizar las noticias con el aporte de datos contundentes y precisos en los informes, sazonados, cuando cuadre, con opinión honesta. Y que juzgue el espectador.

Sin embargo, ese destinatario, que es componente esencial en la ecuación comunicativa, suele padecer el mismo ninguneo que la actualidad y las noticias.