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Una versión moderada de Lilita Carrió, la que no se vacuna en Miami

Experta en desconcertar, la líder de la CC niega haberse puesto blanda. "Yo soy dura cuando un gobierno está fuerte y roba. Pero si estoy ante un gobierno débil, privilegio el interés nacional"

Que perdió el tren. Que está chiflada. Que es quilombera, inmanejable, francotiradora. Esta mujer rubicunda, republicana, liberal con mirada social, ha ganado elecciones y otras las ha perdido mal, al punto de obtener sólo el 2% de los votos. Elisa Carrió, Lilita hasta para sus enemigos, es experta en desconcertar. Se ve a sí misma como fiscal política de la Nación. Tras la salida de Macri de la Rosada, jugó a jubilarse, pero casi todos sabían que era joda.

Dice que su creación, la Coalición Cívica (CC), está ahora más firme que nunca dentro de Juntos por el Cambio (JxC), pero si tiene que lanzar dardos a figuras del PRO y de la UCR seguramente lo seguirá haciendo. A Mauricio Macri le acaba de dedicar un rayo: "Si alguien cree ser un líder de convicciones y de principios, no se puede ir a vacunar a Miami", le espetó sin empacho.

Hubo épocas, en particular después de la caída de De la Rúa, en que algunos maledicentes la mentaban de poco adepta al baño diario y de tener el pelo sucio. Eran esos días en que ella hablaba (como afiebrada de misticismo) en defensa de la república y se ponía túnicas y cruces. Está reloca, repetían muchos. Otros afirmaban que era una de las pocas figuras políticas que decía cosas que muchos dirigentes no se animaban.

¿Gorila, yo?

Cuando Macri fue presidente argentino, su socia Carrió no solía tener piedad con algunos de los principales colaboradores del jefe del Pro, como el operador judicial Daniel Angelici o el gurú Jaime Durán Barba o con los referentes del ala peronista de Cambiemos (Frigerio, Monzó). A estos últimos los sigue acusando de haber propiciado leyes para sacarle fondos a la gobernadora Vidal y de dárselos a provincias feudales manejadas por el peronismo retrógrado y malgastador. No obstante, aclara que no sufre "de gorilismo" y que JxC debe estar abierto para integrar a peronistas republicanos.

Esta Lililta actual recita desde su chacra bonaerense de Encarnación de la Cruz que "es tiempo de moderación y de unidad" y asegura tener en claro "cuándo hay que sostener y cuándo criticar". Por ejemplo, cree que Alberto Fernández está en una posición de debilidad política, agravada por la pandemia y que en estos momentos lo moralmente viable es pensar primero en la Nación. "No es que me volví blanda, yo soy dura cuando un gobierno está fuerte y roba", aclara.

Otra de las diferencias que tiene con Macri es que el ex presidente quiere, sí o sí, ir a internas en tanto que ella entiende que ir a internas en medio de una pandemia no es lo mejor. Empero admite que si acuerdan que debe haberlas, esas internas deben ser lo más civilizadas que sea factible.

Como oposición, machaca: "estamos obligados a no exponer lo peor de nosotros para obtener un cargo" y a "entender que la Argentina está sufriendo". Aclara que ella no es ninguna paloma, pero sabe que hay momentos que hay que parar a los halcones. "Cuando la gente tiene mucha bronca hay que pacificarla".

Se volvió sexy

Carrió se siente más cerca de María Eugenia Vidal y de Horacio Rodríguez Larreta que de Macri. Y de los dos primeros, siente más afecto y comprensión por la Vidal. Con respecto al jefe porteño se permite el humor. "Yo nunca lo vi lindo a Horacio, pero ahora parece que tiene mucho sex appeal", afirma con picardía por la situación de separado de Larreta. "Ahora vienen las chicas y dicen: ¡qué bien que está el jefe de Gobierno!", según le confió al diario La Nación.

Carrió sostiene que "un liderazgo es muy difícil de construir, pero muy fácil de destruir". Esa fue la frase que usó como prólogo para largar el mazazo sobre la vacunación de Macri en Miami. Su razonamiento es que se es un líder cuando se aprende a sostener ese liderazgo.

Ella, como una pastora pagana, imparte "la Palabra" y da bendiciones (o coscachos) a la variada pelambre opositora que la va a visitar a su chacra conurbana en busca de iluminaciones. Se advierte que está más curtida y añejada. Se le nota, sobre todo, en el uso del humor que, como se sabe, es una de las formas de apartarse de la estupidez.

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